Doce años preso
Falsa denuncia y resiliencia: estudia y da talleres desde la cárcel

Periodista y locutor. Editor Energía 2050.
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Tras exponer su caso en Newstad, Oscar Carod cuenta cómo superó los peores pensamientos.
Oscar Alberto Carod lleva doce años privado de su libertad por una causa que, como ya se contó en exclusivo en Newstad, se originó a partir de una falsa denuncia realizada por su propia hija. En estos casos que destruyen mentes y familias, Oscar intenta superarse a pesar de momentos de flaqueza inevitables. Y lo hace formándose e intentando transmitirlo a otros internos.
Desde la prisión vuelve a hablar con Newstad esta vez para destacar ese lado del duro y largo derrotero judicial que sigue atravesando. Actualmente Oscar estudia abogacía desde la cárcel y ya tuvo otras certificaciones: PAP (Primeros Auxilios Psicológicos), Coaching integral, Neuropsicología y Coaching Ontológico Profesional.
Es por estos logros que Oscar cuestionó los proyectos que buscan restringir el uso de teléfonos celulares en los establecimientos penitenciarios y defendió esa herramienta como un instrumento de educación y reinserción.
“Me ha tocado atravesar la falsa denuncia y estar en contexto de encierro y, como bien sabes, somos muchos”, afirmó Carod, quien suele visibilizar su situación y la de otros detenidos que aseguran haber sido condenados injustamente.
Al referirse al debate sobre los celulares en las cárceles, reconoció que existen casos de personas que delinquen utilizando esos dispositivos, pero advirtió que una prohibición generalizada terminaría perjudicando a quienes los utilizan para estudiar y capacitarse.
“Muchos de nosotros lo hemos usado para formarnos, para capitalizar el tiempo en contexto de encierro, para ir adquiriendo conocimientos que obviamente serán herramientas para utilizar en el egreso”, explicó.
Según relató, durante estos años aprovechó la tecnología para completar diversas instancias de formación. “El celular ha sido y es una herramienta muy útil para la formación de las personas en contexto de encierro”, sostuvo.
Carod reconoció que dentro de las cárceles existen personas que utilizan los teléfonos para cometer delitos, pero consideró que la respuesta no debería ser la eliminación total de su uso.
“También somos conscientes de que hay muchos que lo utilizan para la problemática que últimamente estuvo en boga en los medios. Pero la cuestión es que pagan santos por pecadores”, señaló.
En ese sentido, propuso implementar sistemas de control más efectivos para identificar a quienes realizan actividades ilícitas desde prisión.
“Habría que buscar herramientas de contralor para ver quiénes delinquen con el celular dentro de las cárceles y desde las cárceles. Obviamente, aplicar algún tipo de sanción concreta y directa de no tener acceso más”, planteó.
Sin embargo, insistió en que restringir el acceso a la tecnología afectaría directamente los procesos educativos. “La realidad de este impulso de querer quitar celulares es que somos muchos los que nos veríamos limitados para poder avanzar dentro de los cánones de lo que la ley manda, que tiene que ver con la educación”, afirmó.
Carod explicó que actualmente cursa estudios superiores y que gran parte de su formación fue posible gracias al acceso a internet mediante el teléfono celular.
“Hoy por hoy, con la tecnología y cómo ha evolucionado la cuestión de los celulares, uno puede ingresar desde una universidad, como en mi caso, y poder buscar alternativas de estudio”, expresó.
Además, destacó las capacitaciones que realizó durante su estadía en prisión. “Me formé como coach integral, como coach ontológico, estudié neuropsicología, primeros auxilios psicológicos y otros conocimientos que adquirí y que obviamente aplico acá dentro”, relató.
Según explicó, esos aprendizajes no solo le permitieron afrontar su propia situación, sino también colaborar con otros internos. “Los aplico no solo para poder sostenerme desde la realidad que me ha tocado, sino también para acompañar el proceso de más personas, lo cual ha repercutido de manera muy útil en la parte convivencial”, aseguró.
El detenido sostuvo que existe una visión homogénea sobre la población carcelaria que no refleja la diversidad de situaciones que conviven dentro de los penales. “Es importante también que se sepa. La sociedad debe saber que no todas las personas privadas de libertad son delincuentes”, afirmó.
Y agregó: “Hay hombres o mujeres, jóvenes o adultos, que atraviesan una falsa denuncia. También hay muchos casos de personas que cometieron un acto ilícito, que ya están pagando su pena y buscan reinsertarse”.
Finalmente, diferenció esos casos de quienes continúan delinquiendo desde prisión. “También hay un grupo que está muy claro que son delincuentes y que obviamente delinquen con el celular. Con ellos entiendo yo que debería aplicarse una sanción más rígida”, concluyó.
Mientras continúa reclamando la revisión de su condena, Carod sostiene que la educación y el acceso a herramientas tecnológicas representan una oportunidad concreta para quienes buscan reconstruir su vida tras las rejas y prepararse para su eventual regreso a la sociedad.
Carod también buscó impactar en los demás internos de la Unidad Penitenciaria 59. Con su formación, ya más de 300 presos asistieron a su taller “Un día a la vez”, sobre gestión emocional, control de impulsos y construcción de propósitos en contexto de encierro. Los asistentes le aseguraron a Carod que sus cursos ayudaron a mejorar la convivencia y fortalecer la autoestima.
