Romper la rutina
Viajes breves: la nueva rutina de los argentinos

Estudiante de Periodismo
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San Antonio de Arceco y Chascomús, los más buscados. Turismo joven y presupuestos económicos para descansar.
Cada viernes por la tarde, la autopista bonaerense se llena de autos. En ellos viajan personas que buscan salir de la ciudad por apenas unos días. No se trata de vacaciones ni de grandes planes: son escapadas breves que con el tiempo se volvieron una práctica cada vez más frecuente.
Si bien este fenómeno se vuelve cada vez más recurrente como respuesta al cansancio y las largas jornadas laborales, también responde a un cambio en la forma de viajar. Las escapadas cortas ganaron terreno frente a las vacaciones tradicionales y modificaron los destinos elegidos, los tiempos y las expectativas de quienes se van.
En Argentina, los destinos cercanos a los grandes centros urbanos concentran gran parte de estas salidas breves. Localidades de la costa, las sierras y zonas rurales se posicionan como opciones frecuentes, en viajes de no más de dos o tres noches, con un fuerte énfasis en el tiempo de ocio.
En la provincia de Buenos Aires varios destinos se consolidan como opciones frecuentes para escapadas de fin de semana. Por ejemplo, San Antonio de Areco a unos 110km de la ciudad, recibe turistas por su ambiente tradicional, calles empedradas y atractivos vinculados a la cultura gauchesca, lo que convierte en un punto ideal para desconectar sin planificar un viaje largo. Junto a este, localidades como Chascomús -con su famosa laguna y puesta al aire libre- o Lobos, con su entorno natural y tranquilo, aparecen como recomendaciones clásicas para viajes cortos desde la capital bonaerense. Además de los destinos rurales o serranos, la costa atlántica bonaerense se mantiene como un clásico de las escapadas. Tanto localidades del partido de la costa como San clemente del Tuyú o Santa teresita, ofrecen playas extensas, servicios turísticos y actividades al aire libre. Estos destinos permiten integrar al mar dentro de este nuevo modo de viajar.
Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) durante el último fin de semana largo de 2025 se movilizaron cerca de 1,4 millones de turistas en todo el país, con una estadía promedio de apenas dos noches, un dato que confirma la consolidación de las escapadas cortas frente a las vacaciones prolongadas.
La elección de escapadas breves responde a una forma distinta de planificar el tiempo libre, pero también a una cuestión presupuestaria. Viajes de corta duración, con traslados simples y organización mínima, permiten reducir gastos de alojamiento, transporte, comidas y facilitan cortar con la rutina sin asumir compromisos económicos prolongados. En muchos casos, la decisión de irse se toma a pocos días –o incluso pocas horas– de la salida. Además del descanso, los viajeros suelen dedicar parte de su tiempo a salir a comer, pasear por los centros de las ciudades o disfrutar de la playa, actividades que se adaptan a la corta duración del viaje y permiten aprovechar al máximo el tiempo disponible.
Este cambio en la forma de viajar también impactó en cómo se planifica y se concibe el descanso. Las escapadas cortas se organizan con menos anticipación, priorizan destinos accesibles en pocas horas de viaje y reducen la estadía. Desde el sector turístico señalan que este tipo de salidas creció de manera sostenida en los últimos años, especialmente los fines de semana y feriados, y que responde a una combinación de factores: disponibilidad de tiempo acotada, costos concentrados en pocos días y una búsqueda de pausas breves pero frecuentes. Así, el viaje deja de pensarse como una excepción anual y pasa a integrarse como parte de la rutina.
El domingo por la noche, la autopista vuelve a llenarse, esta vez en sentido contrario. Los autos regresan a la ciudad y el tránsito recupera su ritmo habitual. Las escapadas se terminan rápido y la rutina reaparece casi sin transición. El viaje fue corto, el tiempo de ocio también, pero suficiente para cortar la semana. Mientras el lunes se impone otra vez, la pregunta queda abierta: ¿Las escapadas breves se convirtieron en una excepción ocasional o en la nueva forma de viajar?
