Miradas
"Vaca Muerta tiene recursos, pero aún dependemos de los barcos de GNL"

Exsecretario de Energía. Exdirector de YPF.
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La caída del consumo en los combustibles, los límites de la infraestructura de gas y el debate por la "Zona Fría".
La discusión sobre la velocidad con la que la Argentina logrará consolidar su autonomía energética y el humor del consumidor frente a las pizarras de las estaciones de servicio encontró un baño de crudo realismo técnico. En declaraciones exclusivas para el programa Sin Verso de Ciudadano News, el ingeniero, consultor y ex secretario de Energía y Minería de la Nación, Emilio Apud, desmenuzó la compleja coyuntura que enfrenta el sector en pleno año 2026. Lejos de los discursos triunfalistas del círculo rojo, el especialista advirtió que el reciente incremento de los combustibles y el posterior acuerdo de estabilización de precios responden a una fuerte contracción del mercado interno, al tiempo que arrojó luz sobre la paradoja que obliga al país a seguir importando barcos de Gas Natural Licuado (GNL) a pesar del potencial geológico de la Cuenca Neuquina.
El impacto inmediato en los bolsillos se analizó bajo la lupa de la oferta y la demanda. Al evaluar el reciente aumento de los combustibles y el posterior entendimiento para congelar las tarifas por 45 días, Apud detalló que las refinerías y petroleras debieron recalibrar su botonera comercial al fleje. La decisión corporativa de no aplicar subas drásticas no obedeció a una concesión altruista, sino al enfriamiento directo del consumo de naftas y gasoil. Las empresas entendieron que presionar aún más los surtidores hubiese disparado una migración masiva de usuarios hacia segmentos de menor calidad o, lisa y llanamente, una parálisis mayor de la circulación, forzando un esquema de contención temporal frente al humor social general.
El cuello de botella invernal: Por qué faltan caños, no gas
El verdadero debate estratégico de la temporada radica en la infraestructura de transporte antes que en la capacidad de extracción de las cuencas operadas por YPF y sus socios privados. Apud abordó con crudeza la paradoja de Vaca Muerta: cómo un yacimiento con capacidad de escala exportadora mundial convive con la necesidad de amarrar buques regasificadores para cubrir el pico de demanda residencial durante las semanas más frías del año.
"Vaca Muerta tiene todo el recurso, pero la paradoja es que seguimos dependiendo de la importación de barcos de GNL para cubrir el invierno. Esto pasa porque la finalización de las obras clave de infraestructura y las plantas de compresión no alcanzaron el ritmo necesario para procesar y distribuir el fluido hacia los grandes centros urbanos a tiempo para el inicio del ciclo estacional", puntualizó el consultor energético.
Esta restricción logística opera como un cuello de botella financiero para el Palacio de Hacienda. Si bien la balanza comercial del sector camina hacia un superávit estructural irreversible en el mediano plazo gracias al petróleo crudo, el invierno obliga a liquidar divisas de forma anticipada para adquirir cargamentos externos. La autosuficiencia absoluta y el despegue de los proyectos de licuefacción a gran escala demandarán sostener las reglas de juego y la estabilidad regulatoria para canalizar los flujos de inversión privada necesarios para ampliar la red troncal de gasoductos.
De la geografía a la billetera: El replanteo de la Zona Fría
El armado de los subsidios a las tarifas públicas fue otro de los puntos álgidos analizados por el exfuncionario de la Nación. Apud plantó bandera contra el actual régimen de la denominada "Zona Fría", un beneficio que históricamente otorgó descuentos masivos en el servicio de gas por criterios estrictamente geográficos. Para el especialista, el modelo actual arrastra distorsiones de manual que asfixian el equilibrio fiscal del Estado al subsidiar de igual manera a hogares de ingresos altos y bajos dentro de una misma región de la Argentina.
La propuesta de sintonía fina que barajan los equipos técnicos del sector apunta a una reforma estructural del beneficio. La meta es migrar desde un subsidio geográfico generalizado hacia una tarifa social focalizada basada estrictamente en la situación socioeconómica verificable del usuario. Bajo este esquema, el Estado nacional mantendría el auxilio financiero únicamente para aquellos hogares e industrias que demuestren fehacientemente la imposibilidad de afrontar el costo real de la energía, desarmando un esquema general de transferencias cruzadas que el mercado energético corporativo considera indispensable corregir para limpiar los balances del sistema regulado.
