Una causa con plumas
Un abogado en defensa del pato más famoso de Mendoza
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La remoción del pato de una florería desató una campaña que crece cada día en el corazón de Mendoza.
En el centro de la Ciudad de Mendoza, un pato se convirtió en símbolo callejero y en una figura entrañable para vecinos y turistas. Bautizado como Juan, este pato criollo de plumaje blanco y pico naranja fue adoptado por Margarita Flores, propietaria de una histórica florería sobre la avenida San Martín, casi esquina Garibaldi. Desde enero, el ave la acompañaba en sus largas jornadas de trabajo, junto a sus inseparables perras salchicha, Lupe y Mía.
Posaba para las fotos, seguía a los transeúntes, tomaba sol en un estanque improvisado y hasta hacía las veces de “sereno”: de noche reaccionaba ante ruidos en la calle o posibles intentos de robo. Sin embargo, hace una semana, una denuncia vecinal cambió radicalmente su destino.
La denuncia y el operativo municipal
Según fuentes del caso, la queja formal indicaba que el pato habría mostrado comportamientos agresivos hacia mascotas que circulaban por la zona. Inspectores municipales acudieron al lugar, labraron un acta y notificaron a Margarita que tenía 48 horas para retirarlo, bajo amenaza de una multa de hasta $1.500.000.
La secretaria de Ambiente de la Municipalidad, Silvina López, explicó que la medida busca “garantizar el uso adecuado del espacio público” y fomentar la “tenencia responsable de mascotas”, asegurando además el bienestar del propio animal. Según sostuvo, el microcentro no es un entorno seguro para un ave suelta por su alta circulación peatonal y vehicular.
Una ordenanza municipal prohíbe la tenencia de aves de corral en la ciudad, por lo que, desde el municipio, aseguraron que “no hay vuelta atrás”.
El nuevo hogar y la tristeza de Juan
Actualmente, el pato reside en un pequeño corral de 4x3 metros en la vivienda rural de Margarita y su marido, en Maipú. La dueña afirma que el animal no se ha adaptado: “Grazna todo el tiempo, está acostumbrado a estar libre, a caminar, a salir. En la noche salíamos a dar una vuelta con los perros y luego se recostaba en mis pies. Ahora llora cuando me voy de casa”.
Margarita asegura que jamás había recibido una queja directa: “No sé por qué le hicieron una denuncia. Los inspectores me hablaron muy bien, pero me dijeron que si no cumplía, la multa sería de un millón y medio de pesos”.
El santuario del kilómetro cero y el apoyo popular
La remoción de Juan desató una ola de reacciones. Lo que comenzó como un simple cuaderno de firmas se transformó en un verdadero santuario en la esquina del kilómetro cero. Sobre una silla, junto a fotos del pato y un ramo de flores, se acumulan mensajes, dibujos de niños y saludos de turistas.
En apenas unos días, el libro superó las 7.000 firmas, llenando más de 60 hojas escritas por ambos lados. Vecinos, familias enteras y hasta personas que nunca lo habían visto en persona se acercaron para firmar. “Hay gente que viene solo para firmar. Algunos bromean diciendo: ‘Si no vuelve, armamos piquete en la muni’”, cuenta Aldana, hija de Margarita.
La vía legal: un abogado en defensa del pato
El caso cobró tal notoriedad que el abogado penalista Oscar Alfredo Mellado, reconocido por su trayectoria en defensa de los derechos animales, asumió la representación legal de Juan.
El martes presentó un recurso de revocatoria ante la municipalidad, buscando que se reconsidere la medida. “La intención es llegar a un acuerdo que contemple los intereses de Margarita, del pato y del municipio”, señaló. El plazo para presentar este recurso era de diez días desde que el animal fue retirado; de no hacerlo, la sentencia hubiese quedado firme.
Un desenlace abierto
Mientras se esperan novedades de la comuna, Margarita no pierde la esperanza. Este viernes presentará su descargo legal acompañado del cuaderno con miles de firmas. “Juan es parte de la familia. Queremos demostrar que está sano y que nunca fue maltratado”, afirma.
Por ahora, el pato más famoso de Mendoza sigue lejos de la esquina que lo convirtió en celebridad, y toda una ciudad aguarda para saber si podrá volver a caminar por las veredas del centro.