Efemérides
Triple Alianza: la guerra que empezó Paraguay

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Un liderazgo convencido de su fuerza apostó por la vía armada condenando a un país.
La Guerra de la Triple Alianza fue uno de los conflictos más devastadores de la historia sudamericana, y sus causas deben buscarse en una compleja trama de intereses políticos, estratégicos y territoriales que involucraron principalmente a Paraguay y Brasil, con la posterior participación de la Argentina y el Uruguay. Sin embargo, más allá de interpretaciones posteriores que intentaron atribuir responsabilidades difusas o conspiraciones externas, los hechos concretos muestran con claridad que fue el gobierno paraguayo, encabezado por Francisco Solano López, quien tomó la decisión de iniciar las acciones bélicas que desencadenaron la guerra.
Desde mediados del siglo XIX, el Imperio del Brasil ejercía una presión constante sobre Paraguay en torno a cuestiones de navegación fluvial y delimitación de fronteras. Para el gobierno paraguayo, estas exigencias formaban parte de una política expansionista que amenazaba su autonomía regional. Al mismo tiempo, la inestabilidad política del Uruguay ofreció a López una oportunidad para intervenir en el escenario rioplatense y proyectar el poder paraguayo más allá de sus límites tradicionales.
En 1863, el caudillo colorado Venancio Flores invadió la Banda Oriental con el respaldo de Brasil y con la tolerancia —cuando no la colaboración indirecta— del gobierno argentino presidido por Bartolomé Mitre. El presidente uruguayo Bernardo Berro, perteneciente al Partido Blanco y heredero de antiguas alianzas con el federalismo rosista, protestó ante esta intervención y buscó apoyo en Paraguay. Aunque López reclamó diplomáticamente al Brasil que cesara su apoyo a Flores, el Imperio continuó con su política, y finalmente el gobierno blanco fue desplazado.
Fue en ese contexto cuando Paraguay decidió pasar de la protesta diplomática a la acción militar. En noviembre de 1864, Francisco Solano López declaró la guerra al Brasil, dando inicio formal al conflicto. Poco después, las tropas paraguayas invadieron el Mato Grosso, territorio brasileño disputado, lo que constituyó una clara ofensiva militar. Este hecho resulta central para comprender la secuencia histórica: la guerra comenzó por decisión paraguaya, no como respuesta a una agresión directa sobre su territorio.
La escalada continuó al año siguiente. El 5 de febrero de 1865, López solicitó autorización al gobierno argentino para que sus ejércitos atravesaran la provincia de Corrientes con el objetivo de intervenir en el Uruguay. Mitre, comprometido políticamente con Brasil y con el gobierno colorado de Flores, rechazó el pedido invocando la defensa de la soberanía nacional. La negativa argentina no implicaba una acción bélica contra Paraguay, pero la respuesta de López fue nuevamente militar: declaró la guerra también a la Argentina e invadió territorio correntino en abril de 1865.
Solo después de estas acciones ofensivas se conformó la Triple Alianza entre Argentina, Brasil y el nuevo gobierno uruguayo, firmada el 1 de mayo de 1865. Es decir, la alianza fue una consecuencia de las invasiones paraguayas y no su causa. Esta cronología resulta fundamental para desmontar lecturas que presentan a Paraguay como víctima inicial de una conspiración regional o imperial.
Es importante aclarar que la política argentina durante los meses previos al conflicto ha sido objeto de debate historiográfico. La neutralidad proclamada por Mitre mostró rasgos contradictorios: mientras negaba el paso a las tropas paraguayas, permitía a Brasil utilizar los ríos interiores y la isla Martín García como base operativa. Sin embargo, también es cierto que el gobierno argentino no impidió durante meses el ingreso de armamento europeo destinado a Paraguay a través del puerto de Buenos Aires, lo que debilita la idea de una supuesta planificación conjunta para destruir anticipadamente al Estado paraguayo. Si la guerra hubiese sido el resultado de una maniobra previa de las potencias aliadas, difícilmente se habría tolerado ese fortalecimiento militar.
Diversos historiadores han reflexionado sobre las motivaciones políticas de Mitre. Tulio Halperin Donghi sostuvo que el presidente argentino vio en la guerra una oportunidad para consolidar la unidad nacional frente a una amenaza externa. Sin embargo, esa estrategia estuvo lejos de lograr consenso. Amplios sectores de la opinión pública rechazaron el conflicto, en particular por la alianza con el Brasil imperial, históricamente percibido con desconfianza en el Río de la Plata. En las provincias del Litoral, donde existían vínculos culturales, comerciales y familiares con Paraguay, la resistencia a combatir fue aún más marcada.
A pesar de estas tensiones internas en la Argentina, el punto de partida del conflicto permanece claro desde el análisis documental: las primeras declaraciones de guerra y las primeras invasiones militares provinieron del Paraguay de Solano López. Esta decisión transformó una crisis regional en una guerra total que se prolongaría durante años y dejaría consecuencias demográficas, económicas y políticas dramáticas, especialmente para el propio Paraguay.
Comprender la responsabilidad inicial no implica desconocer los excesos, errores y ambiciones de los demás actores, ni las complejas dinámicas internacionales del siglo XIX. Pero sí permite restituir la secuencia histórica real: la Guerra de la Triple Alianza no comenzó como una agresión coordinada contra Paraguay, sino como el resultado de una apuesta militar tomada por su propio gobierno. Esa elección marcaría para siempre el destino de la región.
