Inversiones productivas
RIGI: las inversiones aprobadas ya superan US$ 22.500 millones
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El Gobierno aprobó nuevos proyectos de energía, minería e infraestructura y el monto comprometido continúa creciendo.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) continúa consolidándose como una de las principales herramientas utilizadas por el Gobierno nacional para atraer capitales de largo plazo. Durante la primera semana de junio, la administración nacional aprobó dos nuevos proyectos y llevó el monto total de inversiones autorizadas a más de US$ 22.500 millones, una cifra que posiciona al régimen entre los instrumentos de promoción económica más relevantes de los últimos años.
La novedad fue confirmada luego de la incorporación de dos nuevas iniciativas estratégicas: la ampliación del proyecto de litio Sal de Oro, operado por la multinacional surcoreana Posco en las provincias de Salta y Catamarca, y el Gasoducto San Matías, una obra de infraestructura energética destinada a fortalecer la capacidad de transporte de gas natural. Con estas incorporaciones, el volumen total de inversiones aprobadas alcanzó aproximadamente US$ 22.541 millones.
El dato adquiere relevancia porque refleja el creciente interés de empresas nacionales e internacionales por acceder al régimen, creado para promover proyectos de gran escala mediante beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios. El objetivo oficial es generar condiciones que permitan acelerar inversiones que, por su magnitud, requieren previsibilidad y horizontes de largo plazo.
La expansión de Sal de Oro representa uno de los movimientos más importantes dentro del sector del litio. Posco ya opera en el norte argentino y busca incrementar su capacidad de producción en un contexto donde la demanda global de minerales críticos continúa creciendo impulsada por la electromovilidad, las baterías y la transición energética. El proyecto se ubica entre los emprendimientos más relevantes del denominado Triángulo del Litio, una región compartida por Argentina, Chile y Bolivia que concentra algunos de los mayores recursos del mundo.
El otro proyecto recientemente aprobado es el Gasoducto San Matías, una obra que apunta a mejorar la infraestructura energética y ampliar la capacidad de transporte de gas. La construcción de nuevos ductos aparece como una de las principales necesidades del sistema energético argentino para acompañar el crecimiento de Vaca Muerta y facilitar el abastecimiento de mercados internos y externos.
Más allá de estas dos aprobaciones, el listado de iniciativas ya incorporadas al RIGI muestra la diversidad de sectores que buscan expandirse en Argentina. Entre los proyectos autorizados figuran desarrollos de petróleo, gas, minería, litio, energías renovables e infraestructura logística. Las inversiones se distribuyen en provincias como Neuquén, Río Negro, Mendoza, San Juan, Salta, Catamarca, Jujuy, Santa Fe y Buenos Aires.
Uno de los casos más relevantes es el de YPF y su proyecto para acelerar el desarrollo petrolero en Vaca Muerta. La compañía presentó una iniciativa de aproximadamente US$ 25.000 millones vinculada a producción y exportación de petróleo, considerada una de las apuestas energéticas más ambiciosas de la historia reciente del país. A su vez, Chevron confirmó esta semana su intención de ingresar al régimen con un proyecto de US$ 13.800 millones en El Trapial, dentro de la formación neuquina.
En minería, la expectativa está puesta en desarrollos de cobre, litio, oro y plata que podrían modificar significativamente la estructura exportadora argentina durante la próxima década. Los especialistas destacan que la combinación entre recursos naturales, demanda internacional y nuevas herramientas de incentivo genera un escenario favorable para la llegada de capitales.
Según datos oficiales y estimaciones privadas, además de los proyectos ya aprobados existen numerosas iniciativas en proceso de evaluación. Si se consideran las propuestas presentadas y aquellas que avanzan en distintas etapas de análisis, el volumen potencial de inversiones asociadas al RIGI supera ampliamente los US$ 100.000 millones.
El impacto esperado trasciende las cifras de inversión. Los proyectos contemplan la generación de empleo directo e indirecto, desarrollo de proveedores locales, ampliación de infraestructura y crecimiento de exportaciones. En sectores como energía y minería, la posibilidad de incrementar el ingreso de divisas aparece como uno de los principales argumentos a favor del régimen.
No obstante, el éxito del programa dependerá también de la capacidad para ejecutar efectivamente las inversiones comprometidas. La construcción de obras, la obtención de financiamiento, el desarrollo de infraestructura complementaria y la estabilidad regulatoria serán factores determinantes para transformar los anuncios en proyectos operativos.
Durante los próximos meses, la atención del sector estará puesta en nuevas aprobaciones. Empresas vinculadas con cobre, litio, petróleo, gas natural licuado y energías renovables continúan analizando su incorporación al régimen. De concretarse, Argentina podría ingresar en un ciclo de inversiones productivas de una magnitud pocas veces vista en las últimas décadas.
Mientras tanto, los más de US$ 22.500 millones ya aprobados ofrecen una señal concreta sobre la dimensión de las oportunidades que distintos actores del mercado identifican en el país. Energía, minería e infraestructura concentran buena parte de esa expectativa y aparecen como sectores llamados a desempeñar un papel central en la economía argentina de los próximos años.

