Martirologio Romano
¿Qué santo se celebra hoy? Consulta el santoral del 7 de enero
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La Iglesia recuerda a San Raimundo de Peñafort, una de las mentes jurídicas más brillantes de la Edad Media.
Como ocurre cada día del año, este miércoles 7 de enero de 2026 la Iglesia católica recuerda y celebra a mujeres y hombres cuya vida estuvo marcada por una fe profunda, una conducta ética ejemplar y una entrega constante al prójimo. Se trata de figuras que, por sus virtudes, su compromiso espiritual y su testimonio de vida, fueron canonizadas o beatificadas y pasaron a integrar el santoral, convirtiéndose en modelos para generaciones posteriores.
Entre los santos que se conmemoran en esta fecha, se destaca de manera especial San Raimundo de Peñafort, una de las grandes figuras intelectuales y espirituales de la Edad Media, cuya influencia se extendió tanto en el ámbito religioso como en el jurídico y pastoral.
San Raimundo de Peñafort nació hacia el año 1175 en Peñafort, una localidad cercana a Barcelona, en el entonces Reino de Aragón. Desde muy joven demostró una inteligencia extraordinaria. A los 20 años ya se desempeñaba como profesor de filosofía en Barcelona, lo que da cuenta de su precocidad intelectual. Sin embargo, su afán de conocimiento lo llevó más lejos: alrededor de los 30 años viajó a Italia para perfeccionarse en derecho civil y canónico en la prestigiosa Universidad de Bolonia, uno de los grandes centros de estudios jurídicos de Europa. Allí obtuvo el doctorado y ejerció la docencia, ganándose un notable prestigio académico.
En 1219 fue nombrado archidiácono de la diócesis de Barcelona, cargo desde el cual se destacó no solo por su capacidad intelectual, sino también por su profunda sensibilidad social y su amor por los pobres. A pesar de su exitosa carrera eclesiástica, en 1222, con unos 40 años de edad, tomó una decisión que marcaría su vida: ingresó en la Orden de Predicadores, los dominicos, apenas ocho meses después de la muerte de su fundador, Santo Domingo de Guzmán.
Raimundo tenía una conciencia muy aguda de los peligros del orgullo intelectual. Convencido de que el saber debía ir siempre acompañado de humildad, pidió a sus superiores penitencias severas y tareas humillantes. Sin embargo, lejos de relegarlo, sus superiores le encomendaron una tarea crucial: responder a los complejos dilemas morales que se presentaban en la confesión. A estos problemas los llamó “casos de conciencia”, y el fruto de ese trabajo fue su célebre obra Summa de casibus paenitentialibus, considerada la primera gran sistematización de la moral práctica para confesores.
Dotado de un gran celo evangelizador y de una extraordinaria capacidad oratoria, San Raimundo recorrió incansablemente las regiones de Aragón, Castilla y Cataluña. Sus contemporáneos destacaban la eficacia de su palabra y la gran cantidad de conversiones que lograba a través de sus sermones. Según una tradición, discutida pero muy difundida, colaboró también con San Pedro Nolasco en la fundación de la Orden de la Merced, dedicada al rescate de cristianos cautivos en tierras musulmanas.
En 1230, el Papa Gregorio IX lo llamó a Roma y le confió tareas de enorme responsabilidad. Lo nombró confesor pontificio y le encargó la compilación de los decretos papales y conciliares que no figuraban en la colección de Graciano. Tras tres años de trabajo, Raimundo publicó las Decretales, una obra monumental en cinco volúmenes que se convirtió durante siglos en la referencia fundamental del derecho canónico, hasta la promulgación del Codex Juris Canonici en 1917.
Aunque fue nombrado obispo de Tarragona en 1235, su delicado estado de salud llevó al Papa a liberarlo del cargo poco tiempo después. De regreso en Barcelona, continuó su labor de predicación, confesión y asesoramiento tanto a la Santa Sede como a las autoridades civiles. En 1238 fue elegido maestro general de la Orden Dominicana. Visitó a pie las casas de la orden, promovió la vida regular, el estudio y la profundidad espiritual, y reformó las constituciones dominicas. Dos años más tarde, renunció voluntariamente al cargo, alegando su edad avanzada.
Durante los 34 años finales de su vida, San Raimundo se dedicó intensamente a la evangelización y al diálogo con judíos y musulmanes. Impulsó el estudio del árabe y el hebreo y alentó a Santo Tomás de Aquino a escribir la Summa contra Gentiles. También fundó conventos en Túnez y Murcia, y en una carta de 1256 afirmó que miles de sarracenos habían recibido el bautismo.
Uno de los episodios más célebres de su vida es el llamado milagro de la “barca”. Según la tradición, ante la negativa del rey Jaime I de permitirle abandonar Mallorca, Raimundo confió en Dios, extendió su túnica sobre el mar y navegó milagrosamente hasta Barcelona en pocas horas, ante el asombro general.
San Raimundo de Peñafort murió en Barcelona el 6 de enero de 1275, a la extraordinaria edad de 100 años. Ante su tumba se atribuyeron numerosos milagros, y fue canonizado en 1601. Sus restos descansan en la Catedral de Barcelona.
Junto a San Raimundo, este 7 de enero también se recuerda a otros santos y beatos, entre ellos: San Alderico, San Canuto Lavard, San Ciro, San Crispino obispo, San José Tuân, San Luciano mártir, San Polieuto, San Tilón, San Valentín obispo de Retia, San Valentiniano, el beato Ambrosio Fernández, la beata María Teresa Haze y el beato Mateo Guimerá.

