Martirologio Romano
¿Qué santo se celebra hoy 4 de enero?
:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/santa.jpeg)
El santoral de este domingo reúne historias de conversión, martirio y profunda espiritualidad cristiana.
Este domingo 4 de enero de 2026, la Iglesia católica recuerda en su santoral a una serie de santos y beatos cuyas vidas dejaron una huella profunda en la historia espiritual de Occidente. Entre ellos se destacan Santa Ángela de Foligno, una de las grandes místicas medievales, San Rigoberto obispo, San Abrúnculo y San Cayo mártir, figuras que, desde distintos contextos históricos, encarnaron modelos de fe, entrega y compromiso religioso.
El santoral no es solo un listado de nombres que se repite año tras año. Es, en realidad, una memoria viva que conserva historias de conversión, sacrificio y búsqueda espiritual, muchas veces atravesadas por el dolor, la incertidumbre y la esperanza. Cada jornada del calendario litúrgico invita a volver la mirada hacia hombres y mujeres que hicieron de su vida un testimonio.
Entre las celebraciones de este 4 de enero, sobresale con especial fuerza la figura de Santa Ángela de Foligno, religiosa franciscana y escritora medieval, considerada una de las mayores místicas de la Iglesia. Su experiencia espiritual y sus escritos influyeron decisivamente en figuras posteriores como Santa Teresa de Jesús y Santa Isabel de la Trinidad, quienes encontraron en ella una referencia ineludible de vida interior y radicalidad evangélica.
Ángela nació en el seno de una familia noble de Foligno, ciudad cercana a Asís, en el corazón de Italia. Durante gran parte de su vida permaneció alejada de la fe y sumergida en una existencia cómoda y mundana. Se casó, tuvo varios hijos y transitó durante años un camino ajeno a la espiritualidad, propio de su posición social.
Sin embargo, una serie de acontecimientos dramáticos marcó un antes y un después en su historia personal. El violento terremoto de 1279, un huracán devastador y una guerra contra la ciudad de Perugia sacudieron no solo a la región, sino también su conciencia. Como señala el santoral digital del Vaticano, estos hechos llevaron a Ángela a interrogarse sobre la fragilidad de la vida, el sentido del sufrimiento y el temor al infierno.
Ese proceso interior no fue sencillo. Deseosa de acercarse al sacramento de la penitencia, la vergüenza y el miedo la paralizaron durante un tiempo, sumiéndola en una profunda angustia espiritual. Pero ese tormento interior fue, paradójicamente, el punto de partida de una conversión profunda y definitiva.
En ese contexto, Ángela decidió encomendarse a San Francisco de Asís, cuya figura marcaría para siempre su camino. Inició entonces una vida de penitencia, ayuno y desprendimiento material, volcando su existencia a la oración y al servicio de los demás.
Desde su conversión, vivió numerosas experiencias místicas y visiones, muchas de ellas vinculadas a la Pasión de Cristo. También se dedicó al cuidado de leprosos y enfermos, y desarrolló una espiritualidad centrada en la Palabra de Dios, la obediencia a la Iglesia y la experiencia directa de lo divino. Sus escritos, intensos y profundamente humanos, se convirtieron en una de las grandes obras de la mística cristiana medieval.
En 2013, el Papa Francisco reconoció oficialmente su santidad, otorgándole la canonización equivalente, un gesto que reafirmó la vigencia de su legado espiritual en el mundo contemporáneo.
Junto a Santa Ángela de Foligno, el santoral de este domingo 4 de enero de 2026 recuerda también a San Rigoberto, obispo destacado por su labor pastoral; a San Cayo mártir, testigo extremo de la fe cristiana; y a San Abrúnculo, además de otros santos y beatos como Santa Faraildis, San Gregorio obispo de Langres, San Hermes mártir, Santa Isabel Ana Seton, San Rigomerio, la beata Ángela viuda y la beata Cristiana Menabuoi.
El santoral católico reúne a casi 7.000 santos y beatos, cuyos nombres y fechas están registrados en el Martirologio Romano, el documento oficial que organiza esta memoria colectiva. La figura del beato representa el tercer paso en el camino hacia la canonización, previo al reconocimiento pleno como santo.
Así, cada día del calendario litúrgico ofrece la posibilidad de redescubrir historias de fe, conversión y entrega, que atraviesan los siglos y siguen dialogando con el presente.

