Mercados de carbono: qué son, por qué el Senado los debate y por qué hay que tener cuidado

Máster en Energía
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Un negocio que promete financiamiento pero que también despierta fuertes advertencias
Un "crédito de carbono" es, en términos simples, un certificado que dice que en algún lugar del mundo se evitó emitir una tonelada de CO₂. Ese certificado se puede comprar y vender: una empresa o un país que contamina lo compra para "compensar" sus propias emisiones. La idea parece sencilla, pero no lo es en absoluto. El Senado argentino está debatiendo una ley para que Argentina participe de ese mercado a nivel internacional, en el marco de lo que el Acuerdo de París llama "Artículo 6".
Para que un crédito de carbono sea real, tiene que poder probarse que la reducción de emisiones realmente ocurrió, que no hubiera ocurrido igual sin el proyecto, que el problema no se trasladó a otro lugar y que la mejora va a durar en el tiempo. Cumplir con esas cuatro condiciones simultáneamente es enormemente difícil — especialmente cuando los proyectos involucran bosques, uso del suelo o forestación, que es exactamente lo que más se está proponiendo hacer en Argentina.
Hay una fuerte presión de empresas, consultoras internacionales y sectores económicos locales para entrar en este mercado, atraídos por la posibilidad de monetizar los bosques y recursos naturales del país. El riesgo es que, si los controles fallan, lo que se vende es "humo": certificados que no representan ninguna reducción real de emisiones, pero que permiten a quien los compra seguir contaminando (quemando combustibles fósiles) como si hubiera "compensado".
En la totalidad de las actividades que generan créditos de carbono basadas en actividades naturales (bosques, usos del suelo, forestación) pretenden falsamente “compensar” emisiones fósiles (quema de petróleo, carbón o gas).
Esa compensación es un fraude. En un caso se trata de retener (temporalmente) carbono biogénico que circula entre la atmósfera y la biosfera (biomasa vegetal y animal) permitiéndole a otro país nuevas emisiones de carbono proveniente del subsuelo. El resultado neto es que nuevas emisiones de carbono se añaden a la atmósfera.
En el sistema anterior (el Protocolo de Kioto), los países en desarrollo no tenían metas de reducción de emisiones propias. Ahora sí las tienen. Eso significa que si Argentina vende créditos de carbono al exterior, esas toneladas "ahorradas" ya no pueden contarse como logro propio: el país las cede y tiene que registrarlas como emisiones adicionales en su inventario. Vender créditos, en este contexto, puede perjudicar el cumplimiento de los propios compromisos climáticos del país.
La meta climática que el gobierno argentino presentó ante las Naciones Unidas (llamada NDC) tiene poca ambición — se propone reducir menos de lo que podría. Eso no es casualidad: una meta laxa genera "créditos sobrantes" que se pueden vender. En otras palabras, algunos estarían inflando la meta para tener más para comercializar, no para reducir emisiones de verdad.
*El autor es Master en Energía (UBA) y asesor de Energía y Cambio Climático en el Círculo de Políticas Ambientales.
