Comunidades culturales
Leer juntos para no estar solos

Estudiante de Periodismo
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Cada vez más personas eligen leer en grupo como una forma de compartir, dialogar y no sentirse en soledad
Leer es una experiencia única: nos conecta con otros mundos, llenos de magia, donde podemos ser quienes deseemos. A través de los libros es posible adentrarse en universos fantásticos, volar con dragones o vivir vidas completamente distintas a la propia. En un mundo atravesado por responsabilidades y rutina, la lectura se vuelve una forma de escapar, aunque sea por un rato.
Pero esa experiencia que muchas veces asociamos con la soledad también puede ser compartida. Emocionarse, reflexionar e imaginar junto a otros lectores potencia el viaje. Tal vez por eso, los clubes de lectura se han convertido en una tendencia en crecimiento: espacios donde leer juntos se transforma en una manera de no estar solos.
En un contexto atravesado por la hiperconectividad, la manera de vincularnos ha cambiado con el paso del tiempo, debilitando valores fundamentales a la hora de reconocer al otro. La comunicación es constante y las interacciones se multiplican, pero muchas veces carecen de profundidad.
Entre mensajes instantáneos y vínculos más superficiales, la escucha atenta y el encuentro real parecen quedar más en segundo plano. Frente a este escenario, especialmente entre los jóvenes, surge la necesidad de compartir desde un lugar más auténtico, de construir lazos que no estén atravesados por la lógica del consumo ni por la exposición permanente.
En ese marco, los clubes de lectura comienzan a tener más protagonismo como espacios de encuentro y pertenencia, donde la lectura funciona como punto de partida para el diálogo y la construcción de comunidad.
Los clubes de lectura tienen encuentros mensuales y se desarrollan en bibliotecas, librerías, cafeterías e incluso virtualmente. Generalmente antes de cada encuentro, los participantes leen un mismo libro o fragmentos y luego se juntan para comentar lo que les gustó, lo que les sorprende o las ideas que les despertó la lectura. Algunos de estos clubes, suelen leer fragmentos en voz alta, tomar café o proponer un libro siguiente para la próxima reunión.
Para quienes participan, estos espacios no son solo una oportunidad de leer, sino también de conectar con otros, compartir perspectivas distintas y tener un sentido de comunidad que muchas veces falta en la vida hiperconectada.
Como ejemplo de estas experiencias, en Buenos Aires funciona Anfibio Club de Lectura, una iniciativa independiente que promueve encuentros presenciales alrededor de un libro elegido por mes. A través de sus redes sociales, el club convoca a lectores a reunirse para compartir lecturas, reflexiones y conversaciones en espacios culturales de la ciudad. Durante febrero, por ejemplo, la propuesta se centra en A cuatro patas, de Julieta Miranda y los encuentros se organizan como un espacio abierto donde la literatura es excusa para el intercambio y la construcción de comunidad. Otros clubes se encuentran también en cafeterías como Nucha French en Recoleta o Puro cuento que suele realizar sus encuentros en cafetería Douro.
En medio de la rutina y del constante no parar, encontrar un lugar donde detenerse, aunque sea por un rato, y compartir la lectura con otros, es un regalo. Son espacios que permiten frenar, escuchar, reflexionar y sentir que al menos por un momento, no estamos solos.
