Salud mental
La nueva pandemia: buscan frenar la ludopatía infantil desde el Senado

Politóloga. Periodista.
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Gerardo Zamora busca evitar publicidades, bloquear páginas en zonas escolares. Familia y colegio: socios necesarios.
El país enfrenta una nueva patología de salud pública que se esconde en la pantalla de un smartphone: la ludopatía infantil. Lo que empezó como un entretenimiento inofensivo se transformó en un fenómeno de acceso masivo donde miles de menores quedaron expuestos a plataformas de apuestas digitales sin supervisión. Ante la inacción, el senador y ex gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, presentó en el Senado un proyecto de ley que propone poner un límite definitivo a una industria que hasta ahora operó en una "zona gris" normativa. Es la nueva droga que mata chicos y exige política y normas.
El eje central del proyecto es la protección del orden público y la salvaguarda de los derechos de los más chicos. La iniciativa prohibe toda forma de comunicación comercial que afecte, el rendimiento físico, mental o el bienestar financiero de los adolescentes. La propuesta, que se nutre de experiencias internacionales como el Whistle-to-Whistle ban británico o las restricciones publicitarias españolas, busca erradicar la publicidad agresiva durante eventos deportivos y bloqueó el acceso a sitios de juego desde el entorno educativo.
El proyecto no solo apunta a la publicidad tradicional, sino que plantea un desafío tecnológico sin precedentes: la implementación de filtros de verificación de identidad más rigurosos. La iniciativa exige a los operadores de juego online la adopción de protocolos de "autenticación fuerte", vinculados a bases de datos biométricas o registros nacionales de identidad, para impedir que los menores evadan los controles mediante cuentas de terceros. Con eso, se combaten las cuentas prestadas o de datos falsos, una práctica que facilita el acceso descontrolado de adolescentes a plataformas exclusivas para adultos.
Asimismo, la propuesta de Zamora instala un debate necesario sobre la responsabilidad de los proveedores de servicios de Internet y las tiendas de aplicaciones. El texto plantea la obligatoriedad de habilitar herramientas de bloqueo parental preinstaladas y la colaboración directa con las autoridades para el desmantelamiento inmediato de sitios que operan sin licencia en territorio nacional. Al responsabilizar a los intermediarios tecnológicos, el proyecto busca cerrar el cerco sobre el mercado ilegal, el cual, al operar en la clandestinidad, no solo evade impuestos, sino que se convierte en el principal canal de captación de los sectores más jóvenes y vulnerables.
El mecanismo de control fue contundente: el proyecto previó sanciones económicas severas. Pero la clave no está solo en la multa, sino en el destino de esos fondos: la reinversión obligatoria en programas de educación, concientización y tratamiento para adicciones. "Estamos ante un negocio que lucra con el futuro de nuestros jóvenes", advirtió el proyecto impulsado por Zamora, quien señaló que la urgencia radica en equilibrar la cancha: la tecnología dejó de ser una herramienta segura para el desarrollo cognitivo y se transformó en un método de captación y adicción.
Para que esta ley resulte efectiva, el Estado garantiza que la prohibición no sea letra muerta. El desafío no es solo técnico —bloquear IPs o impedir registros—, sino cultural. El objetivo desmantela la narrativa del "dinero fácil" que penetró en el sistema educativo y en el día a día de millones de chicos. En una era donde el algoritmo conoció los deseos del usuario mejor que los padres, la intervención estatal es el último dique de contención para una generación que corrió el riesgo de caer en las garras de una adicción invisible, pero devastadora.
