Efemérides
La mujer que burló a la esclavitud: el legado indomable de Harriet Tubman

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Nacida en cautiverio, arriesgó su vida una y otra vez para liberar a quienes seguían encadenados en el sur de Estados Unidos.
El 10 de mayo de 1913 murió Harriet Tubman, una de las figuras más extraordinarias de la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos. Su vida parece salida de una novela de aventuras, pero fue completamente real: una mujer nacida en cautiverio que escapó de su propio destino y regresó repetidas veces al territorio esclavista para rescatar a otros.
La historia de Tubman se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más poderosos del movimiento abolicionista, y su legado sigue siendo recordado más de un siglo después de su muerte.
Nacer esclava en el sur de Estados Unidos
Harriet Tubman nació alrededor de 1822 en el estado de Maryland, bajo el nombre de Araminta Ross, dentro de una familia esclavizada. Desde pequeña conoció la violencia y la dureza del sistema esclavista. Fue obligada a trabajar en distintas plantaciones y sufrió castigos físicos frecuentes.
Uno de los episodios más dramáticos de su juventud ocurrió cuando un capataz lanzó un objeto pesado contra otro esclavo fugitivo y terminó golpeándola en la cabeza. La herida le provocó secuelas durante toda su vida, incluyendo desmayos, dolores intensos y episodios de pérdida de conciencia.
Sin embargo, ni siquiera ese daño físico logró quebrar su voluntad.
En 1849, convencida de que sería vendida y separada de su familia, tomó una decisión que cambiaría la historia: escapar de la esclavitud.
La fuga que cambió su destino
Su huida fue peligrosa. Recorrió más de cien kilómetros atravesando bosques, pantanos y caminos secundarios hasta llegar a un estado libre. Cuando finalmente cruzó la frontera hacia Pensilvania, recordó años después un momento profundamente simbólico: miró sus manos para comprobar si seguía siendo la misma persona.
Había nacido esclava, pero ahora era libre.
Lo extraordinario es que esa libertad no fue suficiente para ella. Tubman decidió regresar al sur para rescatar a otros esclavos, arriesgando su vida en cada incursión.
Así comenzó una de las historias más impresionantes de la lucha contra la esclavitud.
El “Ferrocarril Subterráneo”
Para realizar sus rescates, Harriet Tubman se integró a una red clandestina conocida como “Ferrocarril Subterráneo”, un sistema secreto de rutas, refugios y colaboradores que ayudaba a los esclavos fugitivos a escapar hacia estados libres o hacia Canadá.
El nombre era simbólico:
- los fugitivos eran llamados “pasajeros”,
- los guías “conductores”,
- y las casas seguras “estaciones”.
Durante años, Tubman se convirtió en una de las conductoras más audaces de esa red. Se estima que realizó al menos trece misiones de rescate y ayudó personalmente a liberar a decenas de esclavos, además de orientar a muchos otros para que alcanzaran la libertad.
Sus viajes se hacían de noche, guiándose por la Estrella Polar, evitando a los cazadores de esclavos que podían capturarla y ejecutarla.
El riesgo era enorme. Las autoridades ofrecieron recompensas por su captura y, si era descubierta, la pena podía ser la muerte. Pero Tubman nunca abandonó su misión.
Con el tiempo ganó un sobrenombre que refleja su fama: “Moisés”, comparándola con el personaje bíblico que liberó a su pueblo de la esclavitud.
Espía, enfermera y luchadora por los derechos
Cuando estalló la Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865), Harriet Tubman continuó su lucha. Se unió al ejército de la Unión y desempeñó diversos roles, desde enfermera hasta exploradora y espía.
Incluso participó en una operación militar famosa: la incursión del río Combahee, que permitió liberar a más de setecientos esclavos en Carolina del Sur.
Después de la guerra, su activismo no terminó. Tubman se instaló en Auburn, Nueva York, donde siguió trabajando por la igualdad, especialmente apoyando el movimiento por el sufragio femenino.
Además fundó un hogar para personas afroamericanas ancianas y enfermas, continuando su vida dedicada al servicio de los demás.
El final de una vida extraordinaria
Harriet Tubman murió en 1913 en Auburn, Nueva York, tras una vida que superó los noventa años. Fue enterrada en el cementerio de Fort Hill, donde su tumba sigue siendo hoy un lugar de homenaje.
Su funeral tuvo honores militares, algo extraordinario para una mujer afroamericana que había nacido esclava.
Más de un siglo después, su historia sigue inspirando. Tubman demostró que una sola persona podía desafiar uno de los sistemas más brutales de la historia y cambiar la vida de cientos de seres humanos.
Cada aniversario de su muerte recuerda algo fundamental: que la libertad, muchas veces, fue conquistada por personas que estuvieron dispuestas a arriesgarlo todo.
Y Harriet Tubman fue, sin duda, una de ellas.
