A 50 años del golpe
Kicillof comparó al Gobierno con la dictadura y habló como candidato

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Discurso de antagonismo con Javier Milei y el factor económico. Estuvieron Massa y Máximo Kirchner con intendentes.
Quedó claro: si alguien quiere ser candidato a Presidente el año que viene dentro del universo Peronista, será en una interna con Axel Kicillof. El gobernador eligió el contexto y la fecha donde mejor se mueve: eligió recordar el golpe de Estado para conectar directo con la sensibilidad histórica de la fecha, mientras el Gobierno prefirió publicar un video y no tocar el tema. Habemus candidato y por primera vez protagonista por sobre La Cámpora y Sergio Massa, en un rol apocopado y silencioso.
El escenario fue la Casa de las Madres; el tono, de confrontación total y en una fecha donde el Peronismo se siente cómodo y el Gobierno no emitió sonido. Axel Kicillof aprovechó la carga simbólica del 24 de marzo para abandonar definitivamente el traje de líder local bonaerense y calzarse el de principal antagonista de Javier Milei. Sin demasiado esfuerzo, hizo analogías directas entre el programa económico de la Libertad Avanza y el implementado por la última dictadura militar. Ayer Javier Milei tuiteó únicamente sobre la mejora del consumo en el fin de semana largo.
"Es una respuesta a un Gobierno que lleva adelante las mismas políticas económicas que impulsó la dictadura militar a través del terrorismo de Estado", dijo Kicillof ante una plaza colmada. Esta vez el gobernador habló como protagonista y Máximo Kirchner y la conducción de La Cámpora aceptó el rol de acompañamiento. La frase no es diatriba al azar, sino parte de una construcción política quirúrgica: despojar a Milei de su aura de "disrupción" y "futuro" para encasillarlo en un pasado oscuro que la sociedad argentina ya rechazó. La construcción de sentido desde lo sensible puede ser criptonita para una gestión con constantes acusaciones de insensibilidad.
Para el núcleo duro del kirchnerismo, que busca una referencia nítida ante la ausencia de CFK, Kicillof cumplió con creces el rito de pasaje. No solo reivindicó “la memoria”, sino que le puso nombre y apellido al enemigo electoral y eligió volver a empoderar al “pueblo”, ese que Milei dijo que venía a liberar y que Kicillof señala como padeciente del plan liberal.
Dato político: la presencia de intendentes y legisladores propios en la marcha funcionó como una muestra de musculatura interna. Kicillof sabe que para pelear "arriba" necesita blindar el territorio bonaerense, donde la resistencia al modelo libertario se hace sentir con más fuerza. La estrategia es la polarización absoluta: si Milei es el ajuste con reminiscencias de los 70, él se ofrece como el garante de los derechos y la presencia del Estado. Es interesante pensar qué resultarán en los focus la sensación del retorno del “estado presente” después de la gestión de Sergio Massa.
El riesgo de "subirse al ring" tan temprano es quedar expuesto al desgaste de una gestión provincial que sufre el recorte de fondos nacionales. Mientras Milei apuesta a la batalla cultural y las redes sociales, Kicillof intenta recuperar la calle y la épica histórica. Si el Peronismo aspira a volver al poder, deberá entonces primero terminar de bendecir al gobernador bonaerense y lograr - nada sencillo- que La Cámpora y referentes estridentes sostengan el silencio hasta entrada la campaña.
Los señalamientos por posible corrupción del gobierno nacional como Libra, ANDIS o los gastos de Manuel Adorni es nafta para el discurso Peronista que se fue en medio de denuncias variopintas y con la histórica imagen de Martín Insaurralde comiendo ostras con Sofia Clerici en Marbella. Si hay retorno después de eso, será sin errores ni novedades en el frente judicial. Esto recién empieza.
