Reforma del Régimen Penal Tributario
Inocencia Fiscal: otra señal de que vamos por el buen camino

Consejero y Cónsul General para Inversiones de la Embajada argentina en España.
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La legislación pone en primer lugar la buena fe del contribuyente.
Las buenas noticias para la Argentina no son un milagro, sino el resultado de decisiones estructurales basadas en la libertad económica, el respeto por la propiedad privada y la reducción de la intervención estatal, pilares de la Escuela Austríaca. Porque, con reglas claras, baja inflación, responsabilidad fiscal y un sistema tributario más racional, la Argentina tiene todo para desplegar su potencial productivo.
Poco antes de terminar el año el Congreso aprobó la llamada ley de inocencia fiscal, una reforma fiscal profunda y muy necesaria, porque introduce un cambio de paradigma en el Régimen Penal Tributario. En términos simples, el Estado deja de tratar como delincuentes a quienes producen, invierten y trabajan.
Gracias a la “inocencia fiscal”, dejamos atrás un sistema excesivamente punitivo y persecutorio y lo reemplazamos por uno que prioriza la buena fe del contribuyente, la previsibilidad jurídica y la normalización de la actividad económica. Esta visión está directamente inspirada en los principios de la Escuela Austríaca de Economía, que valora la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal frente al mercado.
El impacto económico de esta ley será muy significativo. La inmediata reactivación del consumo interno y puesta en acción de proyectos de larga maduración basados en ahorro real ahora saldrán de debajo del colchón para formar parte del sistema productivo, lo que también significa más empleo y de mayor calidad.
Creo que este tipo de leyes reduce la criminalización de errores formales o incumplimientos menores, eleva los umbrales penales y brinda seguridad jurídica. Eso genera un incentivo inmediato a la formalización, a la repatriación de capitales y a la inversión productiva. Porque cuando un empresario sabe que ya no será perseguido penalmente por cuestiones administrativas, empieza a invertir, contrata personal y, en definitiva, produce más.
Decía que no hay ninguna magia, porque estas políticas están pensadas bajo los fundamentos que aprendí durante años con el profesor Jesús Huerta de Soto, quien me formó para entender cómo las ideas austríacas pueden convertirse en herramientas efectivas y ahora ello se está demostrando en la Argentina.
En la Embajada argentina en Madrid ya comprobamos un interés creciente y muy concreto en la Argentina. En Europa, y particularmente en España, estas medidas se interpretan como señales de madurez institucional y estabilidad económica. Muchos inversores ven que la Argentina está ordenando su marco legal y fiscal, algo clave para cualquier decisión de largo plazo. La combinación de un presupuesto responsable y reformas que promueven seguridad jurídica cambia completamente la percepción del país y despierta confianza en la inversión extranjera.
Por último, cabe destacar que la medida es absolutamente coherente con el rumbo del gobierno del presidente Javier Milei. Estamos hablando de un modelo basado en la libertad económica, el respeto por la propiedad privada y la reducción del tamaño y la arbitrariedad del Estado. La ley de “inocencia fiscal” y el presupuesto aprobado por el Congreso son señales muy claras: la Argentina vuelve a ser un país normal, donde el Estado confía en sus ciudadanos y el derecho penal es la última instancia, no la primera.
