Emergencia en la Patagonia
Incendio en Chubut: los vecinos hablan de terrorismo

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Aunque llegó el mayor hidroavión de América Latina, el humo, el calor y el terreno complican el combate.
La llegada a Esquel del Boeing 737 Fireliner proveniente de Santiago del Estero y sus primeras descargas sobre el incendio de Puerto Patriada generaron este jueves por la tarde una sensación momentánea de alivio en la cordillera chubutense. Sin embargo, ese respiro fue breve frente a la magnitud del desastre: a más de tres días de iniciado, el fuego ya arrasó más de 2.000 hectáreas de bosque, destruyó al menos diez viviendas y continúa activo y fuera de control en el extremo oeste del lago Epuyén.
Si bien durante gran parte de la jornada hubo menos viento que en los primeros días, las condiciones siguen siendo extremas. Las temperaturas cercanas a los 30 grados y el humo denso, estancado en el valle de Epuyén, complicaron seriamente las tareas e incluso impidieron por momentos el uso de medios aéreos. Hasta el mediodía, brigadistas del Servicio Provincial de Manejo del Fuego y bomberos concentraron su labor en la construcción de fajas cortafuegos y en la protección de viviendas, especialmente en la zona de Rincón de Lobos, cerca de El Hoyo, y en la ladera sur del cerro Pirque, donde también se realizaron tareas de enfriamiento para evitar reactivaciones.
La situación volvió a agravarse por la tarde, cuando el incendio avanzó de manera repentina y las llamas cruzaron la calzada de la Ruta Nacional 40. Cerca de las 18.45, Vialidad Nacional dispuso un corte total del tránsito, lo que provocó largas filas de vehículos a ambos lados de una de las rutas más transitadas de la región en plena temporada turística.
El Boeing 737 Fireliner, considerado el hidroavión más grande de América Latina y uno de los tres más importantes del mundo para el combate de incendios, había arribado a Esquel el miércoles. Recién el jueves por la tarde pudo realizar su primera intervención sobre el cerro Pirque, donde se concentra uno de los focos más activos y existe riesgo de avance hacia zonas pobladas. La aeronave, adquirida en 2022 por Santiago del Estero, tiene capacidad para descargar hasta 15.000 metros cúbicos de agua o retardante y ya había intervenido en incendios en Neuquén y Bariloche.
Pero más allá del despliegue técnico, la dimensión humana del incendio se expresa en los testimonios de quienes estuvieron cara a cara con el fuego. En diálogo exclusivo con Newstad, una vecina de Puerto Patriada relató escenas de extrema tensión vividas durante las horas más críticas. “Hubo gente que se quedó hasta pasada la medianoche con la llama prácticamente en los pies. Los animales ya estaban bajando desesperados hacia el lago y eso podría haber sido un desastre aún mayor”, contó.
La mujer explicó que la situación fue especialmente angustiante por la geografía del lugar. “Puerto Patriada tiene una sola salida, y todos los que estábamos ahí corríamos riesgos reales. No sabíamos hacia dónde escapar”, relató. En ese contexto, fue contundente al referirse al origen del incendio: “No sé cuál es la intención de quienes prenden fuego algo así, pero lo que pasó fue terrorismo. No hay otra forma de describirlo”.
El impacto no fue solo material. “No se trata solo de las casas o de las cosas. Están las vidas, los animales, el bosque. Fue un desastre, un desastre absoluto”, expresó, aún conmocionada. Y cerró con un reconocimiento clave: “Podría haber sido muchísimo peor si no fuera por los bomberos y por toda la gente que nos ayudó a salir de ahí. Gracias a ellos, hoy estamos contando esto”.
En el terreno, la situación sigue siendo crítica. Vecinos y brigadas autoconvocadas mantienen guardias permanentes en chacras y viviendas, pese al cansancio acumulado. En las últimas horas se perdieron herramientas esenciales como motobombas y motosierras, por lo que se solicitó con urgencia más equipamiento para continuar defendiendo hogares, sobre todo en sectores como Callejón Mayorga y la costa del lago Epuyén.
El despliegue humano es considerable: alrededor de 350 brigadistas y bomberos de distintos organismos y provincias trabajan contra las llamas, con un refuerzo constante de autobombas, camiones cisterna y vehículos especiales. Aun así, la magnitud del incendio y las condiciones ambientales extremas superan cualquier capacidad individual. Organizaciones ambientalistas advirtieron que los incendios forestales en la Patagonia ya arrasaron más de 4.000 hectáreas, incluso dentro de áreas protegidas, y señalaron como factores agravantes la sequía, las altas temperaturas, el viento y la presencia de especies exóticas.
Desde la Municipalidad de Epuyén informaron que la densa nube de humo volvió imposible la actividad aérea durante buena parte del día y pidieron extrema precaución al circular por la Ruta 40 entre Esquel y El Bolsón debido a la visibilidad reducida. Además, permanece cerrado el acceso al Parque Municipal Puerto Bonito y continúan las evacuaciones preventivas en distintos sectores.
En paralelo, la Fiscalía de Lago Puelo investiga el origen del incendio y ya determinó que fue intencional, a partir del uso de acelerantes. El gobernador de Chubut aseguró que se investiga a un grupo reducido pero peligroso de activistas violentos, a quienes vinculó con amenazas previas y con el hallazgo de granadas en la zona del lago Epuyén. Desde el Ministerio de Seguridad de la Nación también se informó que se analizan posibles vínculos con grupos extremistas y se prometió llevar a los responsables ante la Justicia.
Más al sur, la emergencia ígnea continúa en el Parque Nacional Los Alerces, en el área del lago Menéndez. Allí el incendio, iniciado hace casi un mes tras la caída de un rayo, ya afectó unas 340 hectáreas y se desarrolla en un terreno de altísima complejidad, con riscos, escasa disponibilidad de agua y un espeso colchón de cañas secas que favoreció su rápida propagación inicial. Las proyecciones meteorológicas no son alentadoras: altas temperaturas, baja humedad y vientos en aumento, sin lluvias a la vista.
Mientras tanto, autoridades y brigadistas insisten en extremar los cuidados, evitar cualquier uso del fuego, respetar los cierres preventivos y mantenerse informados únicamente por canales oficiales, en una región que atraviesa uno de los episodios más críticos de los últimos años.
