La Energía en 7 Días
Guerra, precios, competitividad de Vaca Muerta y el debate por los biocombustibles

Periodista y locutor. Editor Energía 2050.
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El CEO de YPF Horacio Marín señaló que no se esperan “cimbronazos” en el precio de las naftas y el gasoil.
El sector energético argentino atraviesa una etapa de definiciones en medio de un contexto internacional marcado por la volatilidad del petróleo y la transición hacia nuevas fuentes de energía. En los últimos días, tres temas concentraron la atención del sector: la política de precios de los combustibles de YPF, los avances en la reducción de costos en Vaca Muerta y el creciente impulso global a los biocombustibles como alternativa al crudo.
Estabilidad en el precio de los combustibles
En un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y movimientos bruscos en el valor del petróleo, el presidente de YPF, Horacio Marín, buscó transmitir previsibilidad respecto del mercado local de combustibles. El directivo aseguró que no se esperan “cimbronazos” en el precio de las naftas y el gasoil, aun cuando el valor del crudo registre variaciones significativas en el corto plazo.
Según explicó, la petrolera aplica un mecanismo que evita trasladar automáticamente las fluctuaciones diarias del petróleo al precio final en los surtidores. La compañía analiza los movimientos del mercado internacional con una lógica de promedios y de mediano plazo, lo que permite amortiguar subas o bajas abruptas del barril.
De acuerdo con Marín, este criterio busca sostener cierta estabilidad para los consumidores y el mercado interno. En ese sentido, remarcó que las variaciones rápidas del precio del crudo suelen ser coyunturales y no necesariamente justifican ajustes inmediatos en los combustibles. La política apunta a evitar que la volatilidad global tenga un impacto directo en la economía doméstica.
“Lo que hacemos es tener un promedio, entonces cuando hay precios del petróleo que duran muy poco no afectan al precio de los combustibles”, resumió Marín.
Vaca Muerta y la reducción de costos de producción
Mientras se discute la evolución de los precios, otro de los focos del sector energético está puesto en la competitividad de la producción no convencional. En ese terreno, YPF viene registrando avances en la reducción de costos en los bloques que opera en Vaca Muerta.
Durante el último año, los desarrollos de shale oil de la compañía lograron bajar el costo de producción a 4,4 dólares por barril equivalente, un nivel que se ubica incluso por debajo del promedio de la Permian Basin, la principal región productora de hidrocarburos no convencionales en Estados Unidos.
El descenso de los costos responde a una combinación de factores: mayor eficiencia operativa, mejoras tecnológicas en perforación y fractura hidráulica, y el aprendizaje acumulado por las empresas que trabajan en la cuenca neuquina. Según el propio Marín, la productividad alcanzada refleja la calidad del recurso geológico de Vaca Muerta y el trabajo de optimización realizado por la compañía.
Este proceso resulta clave para la estrategia energética del país, ya que la competitividad de los proyectos no convencionales determina la capacidad de atraer inversiones, aumentar la producción y expandir las exportaciones de petróleo y gas.
Biocombustibles: el debate sobre el futuro energético
En paralelo al crecimiento de los hidrocarburos no convencionales, a nivel global continúa expandiéndose la discusión sobre las fuentes de energía renovables y los combustibles alternativos. Entre ellos, los biocombustibles elaborados a partir de cultivos como el maíz y la caña de azúcar aparecen como una opción para reducir la dependencia del petróleo.
El bioetanol y el biodiésel pueden producirse a partir de biomasa vegetal y utilizarse en mezclas con combustibles tradicionales para el transporte. En varios países, estos productos ya forman parte de las políticas de transición energética destinadas a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, el avance de los biocombustibles también genera debates. Entre las principales críticas se encuentran el uso intensivo de tierras agrícolas, el impacto en los precios de los alimentos y el consumo de agua que requieren algunos cultivos energéticos. Aun así, diversos especialistas sostienen que la innovación tecnológica podría mejorar su eficiencia y ampliar su participación en la matriz energética global.
