Política de subsidios
En cuánto tiempo se arreglan 20 años de debacle energética

Exsecretario de Energía. Exdirector de YPF.
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Ese lapso de congelamiento tarifario derivó en un sistema que no soporta más de 32 grados.
Este Gobierno, con buen criterio, en su primer año de gestión utilizó el manejo de la energía para cumplir el objetivo urgente y principal, que era estabilizar la macroeconomía, como ocurrió en 2015, y también en parte por tratarse de un año electoral.
Pero a partir de ahora creo que sería un poco riesgoso no dejar que el sector funcione de acuerdo con las reglas propias de la energía, basadas en la oferta y la demanda, con mucha competencia, porque si no va a tardar más tiempo en establecerse el equilibrio.
En base a los resultados de los últimos veranos, cuando las temperaturas superan los 32 grados empiezan a aparecer inconvenientes, sobre todo si se trata de varios días continuos con temperaturas elevadas y, en especial, cuando la amplitud térmica es baja, es decir, cuando hay poca diferencia entre el pico diurno y la noche. En ese contexto la situación se complica bastante. A partir de los 32 grados, el sistema queda sujeto a que puedan aparecer inconvenientes por fallas en alguno de los tres segmentos que lo componen: generación, transporte y distribución.
En generación existe una capacidad que no tiene reservas suficientes. Sumando toda la potencia disponible en el país —hidroeléctrica, renovable, térmica y nuclear— apenas se llega a cubrir el pico máximo de verano, que ya está rozando los 30.000 megavatios. Un sistema no puede ser confiable si no tiene, por lo menos, un 10% de reserva disponible. Esto significa que ante la salida de una máquina, por ejemplo de Central Puerto, Dock Sud o alguna de la zona del Comahue, se genera un disturbio en el sistema que obliga a cubrir ese faltante de oferta con cortes de demanda.
También hay problemas en el transporte. Hace años que no se invierte en líneas de alta tensión, no solo en las líneas y los transformadores, sino también en tecnología y sistemas de comunicación, lo que los vuelve poco confiables. Prueba de ello son los colapsos que han ocurrido a nivel nacional por fallas o accidentes en líneas y estaciones transformadoras. Además de ser un eslabón clave para la confiabilidad del servicio, el transporte es una restricción importante para el desarrollo de las energías renovables, que generalmente están lejos de los centros de demanda, como la eólica en la Patagonia y la solar en el Noroeste, donde los nodos de conexión al sistema interconectado ya están saturados.
Por último está el sistema de distribución. El único que depende del Estado nacional es el del AMBA, a través de Edenor y Edesur; el resto de las distribuidoras dependen de las provincias, ya sea como empresas provinciales o concesionarias manejadas por los gobiernos locales. Aquí también hay un atraso muy grande como consecuencia de los casi 20 años de congelamiento tarifario, que impidieron que las distribuidoras tuvieran ingresos suficientes para mejorar el servicio.
El equilibrio sigue siendo muy inestable. En el caso del AMBA y Edesur, se recibieron mayores ingresos tras el acuerdo de actualización tarifaria integral realizado en abril, pero el atraso acumulado en equipamiento, tecnología y gestión va a requerir uno o dos años más para poder restablecerse.
Si se hacen bien las cosas, entiendo que a partir del verano 2027-2028 es muy probable que ya no haya cortes, o que los haya de manera excepcional, porque siempre existen incluso en sistemas más desarrollados, pero la frecuencia y la duración de los mismos deben estar dentro de estándares internacionales.
