Opinión
El desafío de la Argentina frente a la transición energética

Ex secretario de Energía. Presidente del IAE General Mosconi.
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Será clave para la inserción internacional y el desarrollo económico local.
La transición energética se ha convertido en uno de los principales desafíos globales del siglo XXI. El consenso científico internacional sostiene que el calentamiento global es consecuencia de causas antropogénicas, vinculadas principalmente al uso intensivo de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y, en menor medida, el gas natural. La quema de estos recursos para la generación de energía y el funcionamiento de la economía produce gases de efecto invernadero, especialmente dióxido de carbono, que aceleran el cambio climático.
Frente a este diagnóstico, la comunidad internacional avanzó en acuerdos y políticas orientadas a reducir la dependencia de los combustibles fósiles y a promover fuentes de energía más limpias. El reemplazo de los motores de combustión por vehículos eléctricos, el desarrollo de energías renovables como la solar y la eólica, la expansión de la energía hidráulica y el sostenimiento de la energía nuclear forman parte de una estrategia global destinada a modificar las matrices energéticas.
En este contexto, la posición de la Argentina genera interrogantes, ya que actualmente su línea oficial es escéptica frente a la idea de que el cambio climático sea producto de la acción humana, una postura que se aparta del consenso científico y de las políticas que impulsa la mayoría de los países desarrollados. Esta visión introduce incertidumbre sobre el rumbo que adoptará el país en materia de transición energética y sobre la existencia de un plan de largo plazo compatible con los compromisos ambientales internacionales.
La ausencia de una estrategia clara resulta particularmente relevante en un sector que requiere planificación sostenida, inversiones de gran escala y previsibilidad. La transición energética no implica únicamente un cambio tecnológico, sino también una redefinición del rol del Estado. Históricamente, la Argentina construyó su infraestructura energética a partir de una fuerte intervención estatal.
A lo largo del siglo XX, empresas públicas como YPF, Gas del Estado y Agua y Energía Eléctrica fueron pilares del desarrollo del sistema energético nacional, junto con el impulso a la energía nuclear y la construcción de grandes represas hidroeléctricas.
La transición energética demanda coordinación, planificación y decisiones estratégicas que difícilmente puedan recaer exclusivamente en el sector privado, especialmente en un país con restricciones macroeconómicas y necesidades de inversión de largo plazo.
A dos años del inicio de la gestión y con otros dos por delante, el sector energético enfrenta un escenario de incertidumbre. Sin una hoja de ruta clara hacia una matriz energética más limpia y diversificada, la Argentina corre el riesgo de quedar rezagada frente a un proceso que ya está en marcha en gran parte del mundo.
La forma en que el país aborde este desafío será clave no solo para su inserción internacional, sino también para su desarrollo económico y su sustentabilidad futura.
