Escenario
Efecto Awada: Mauricio Macri vuelve y el PRO quiere reeditar el 2015

:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/mauricio_macri.webp)
Reuniones con amigos. Crisis del PRO y la necesidad de retener CABA. Riesgos para Javier Milei en su reelección.
Mauricio Macri tenía un freno que dejó de estar: el respeto por el pedido de Juliana Awada de volver a priorizar la familia y poner la política a un costado. Macri ve el partido que fundó en un desierto que lo obliga ahora desde una vida cambiante a volver. Hay equipo trabajando y no se descarta nada en Ciudad, Provincia y Nación. Volver a construir con más determinación, menos prejuicios y la esencia original. Juana Viale no habla con Macri, es un invento con tufillo liberal.
Diez años pasaron: Mauricio Macri terminó con el populismo, arrasó con el Peronismo bonaerense en cara de María Eugenia Vidal, Horacio Rodriguez Larreta hizo lo propio en la original CABA y el país se pintó de amarillo con puntillismo colorado y magenta para fiscalizar y ganar. El Peronismo volvió en su faceta más ridícula y se fue por la puerta más chica de la historia moderna. Sigue ahí y preso. Ahora Mauricio Macri piensa en volver y se lo hizo saber a un círculo rojo que se ilusiona con sostener lo bueno de Javier Milei que no es poco, pero mejorar lo institucional.
El PRO atraviesa hoy una crisis sin precedentes y multicausal, Mauricio Macri lo sabe y lo contempla desde Italia, donde descansa unos días después de planificar la comunicación de su divorcio de Juliana Awada, ahora con los ojos puestos en Europa. El líder del PRO no supo armar una interna que permita evitar la hemorragia y los hechos lo demuestran. Los dos candidatos a presidente de Macri en 2023 son hoy opositores a su partido, pero sobretodo a su figura. Macri representa hoy un voto de derecha que cree en el modelo económico de Javier Milei y lo aplaude, pero que rechaza de plano sus formas y esencialmente la tuitósfera capaz de decir cualquier cosa con tal de crecer en un esquema castrense virtual que le resta al Presidente.
Hay tres caminos hoy para el partido en la Ciudad que lo vio nacer y ve gobernar. Una mirada que desborda de optimismo en la que Jorge Macri mejora su imagen y percepción y es candidato para ganar la ciudad y seguir gobernando. Una que ve a Jorge Macri reconociendo malos números y dando lugar a un reemplazo para que el partido no desaparezca, y la final y peor que es que el jefe de Gobierno aun sabiendo que es caballo perdedor elija jugar igual y el PRO pase a ser un recuerdo porteño en manos de los liberales o de un acuerdo entre Horacio Rodríguez Larreta y el kirchnerismo porteño.
En el mundo amarillo que habita Macri y algunos millones de argentinos, el estilo del Presidente no gusta en cuanto a sus opiniones sobre adversarios y opositores, pero directamente se desprecia los militantes digitales que coordina Santiago Caputo. “Es un vendedor de autos usados, es el papá de Matilda”, lo define por su incapacidad de cumplir la palabra empeñada a Caputo un dirigente amarillo de mesa asidua en Tabac. Gordo Dan, el norteño Esteban Glavinich, el influencer Mariano Pérez y otros más son considerados un mal innecesario que van a terminar hundiendo al Presidente según esas mesas del PRO.
La mesa chica de Mauricio Macri cree que el PRO tiene que volver a ser un espacio duro, inflexible con el delito, de apertura al mundo pero con respeto irrestricto por la Constitución y el disenso. La falta de diálogo del Gobierno inspira a los amarillos a volver a ser garantes del diálogo que se tornó lábil con este Gobierno, a pesar de la llegada del experto en diálogos, Diego Santilli, vetado de por vida en las filas amarillas mientras Mauricio Macri viva.
Guillermo Dietrich, Andrés Ibarra, algunos de los nombres de esa belle epoque que tuvo Mauricio Macri en su equipo y que hoy piensa que el PRO tiene que volver a jugar y esencialmente recuperar la vocación de poder que hoy no tiene. “Vuelven los Rolling”, se alegra un macrista de paladar negro cuando se enteró que Juliana Awada estaba soltera nuevamente. Era ese freno de mano que Mauricio siempre respetó para no volver.
El objetivo será empezar a sondear y estudiar qué pasa cuando Mauricio Macri opina de coyuntura. Cuando sube una foto con un dirigente. Cuando Javier Milei se dé cuenta que hay un país que quiere un gobierno liberal de derecha y abierto al mundo, pero que para seguir siendo Presidente tiene que haber más de la mitad del país que crea en un sistema de comunicación que prende luces de alarma. Tiempo sobra. Habrá que reinventar un candidato nacional que ya fue presidente y tiene 100% de conocimiento y volver a descubrir un Mauricio Macri en la Ciudad: un empresario, exitoso, meritocrático del sector privado con ganas de hacer patria porteña.
