Un pueblo que apuesta al viento
Del petróleo al viento: la experiencia de un pueblo patagónico

Estudiante de Periodismo
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La energía eólica dejó enseñanzas, trabajo y un ejemplo de diversificación para un pueblo patagónico
En Pico Truncado, el viento pasó de ser parte del paisaje a convertirse en una herramienta estratégica para el desarrollo local. Históricamente ligada a la producción petrolera, esta ciudad de Santa Cruz fue una de las primeras del país en apostar por las energías renovables y en iniciar la transformación de su matriz productiva.
El punto de partida fue la inauguración en 1995, del parque Eólico Jorge Romanutti, tras un convenio entre el gobierno municipal y provincial con apoyo internacional, que posicionó a Pico Truncado entre las localidades pioneras en el aprovechamiento del viento como fuente de energía eléctrica.
Con dos aerogeneradores y un viento patagónico promedio de 9,3 metros por segundo, el parque llegó a abastecer cerca del 30% del consumo eléctrico de la ciudad. Además, fue escenario de una experiencia inédita en la Argentina y la región: la producción de hidrógeno a partir de energía eólica, una iniciativa pionera de América Latina que buscó proyectar alternativas energéticas más allá de combustibles fósiles.
Si bien con el paso del tiempo el parque atravesó periodos de funcionamiento irregular debido a la falta de mantenimiento, el proyecto fue reinaugurado el 5 de marzo de 2001, consolidando su valor histórico y tecnológico.
Más allá de su aporte energético, el parque eólico Jorge Romanutti dejó una huella simbólica en la ciudad. Representó un cambio de paradigma y un antecedente clave en el debate sobre el desarrollo de energías renovables en la Patagonia: en Pico Truncado, el viento empezó a cambiarlo todo.
La experiencia eólica tuvo efectos que excedieron lo estrictamente ambiental. Durante sus años de funcionamiento, el parque permitió reducir parte del consumo eléctrico proveniente de fuentes tradicionales y aportó estabilidad al sistema energético local en determinados periodos.
La puesta en marcha del parque eólico también tuvo impacto en el plano laboral. Durante su construcción y posterior operación, el proyecto demandó mano de obra local para tareas técnicas, eléctricas, y de mantenimiento, generando empleo y promoviendo la formación de trabajadores en un sector emergente. En una ciudad con una economía vinculada históricamente al petróleo, la experiencia eólica permitió diversificar perfiles laborales y desarrollar capacidades técnicas asociadas a las energías renovables, aun cuando el parque no operó de manera continua a lo largo del tiempo.
Sin embargo, sin aún convertirse en el eje central de la economía local, la energía eólica funcionó como complemento productivo y como experiencia concreta en un territorio acostumbrado a depender de una sola actividad. El parque eólico Jorge Romanutti no modificó por completo la fuente económica del pueblo, pero dejó instalada la pregunta sobre la posibilidad de diversificarla.
El parque también comenzó a atraer visitantes interesados en conocer cómo funciona la energía eólica en la Patagonia. Las visitas guiadas y los recorridos educativos se convirtieron en una forma de acercar la ciencia y la tecnología a la comunidad y a turistas, posicionando a la ciudad no solo como un referente energético, sino como un destino que combina innovación, historia y paisaje.
Las aspas giran, las brisas no se detienen, y Pico Truncado sigue midiendo lo que significa apostar por la energía eólica. Detrás de esto, hay más que solo un pueblo que aprendió a mirar más allá del petróleo y comenzó a preguntarse: ¿Qué puede generar el viento mañana?
