Aniversario histórico
Bernabé Ferreyra, el primer gran ídolo de River
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Nació el 12 de febrero de 1909 y marcó una era: más goles que partidos, récords intactos y una revolución.
Un 12 de febrero de 1909 nacía Bernabé Ferreyra, leyenda de River Plate y uno de los máximos goleadores que dio el fútbol argentino. Simplemente Bernabé. O “El Millonario Bernabé”. Para muchos, el primer gran ídolo del club de Núñez.
En los años 30 fue reconocido como uno de los artilleros más temidos del mundo. De hecho, es el único futbolista argentino que logró una estadística extraordinaria: convirtió más goles que partidos disputados. Su impacto fue tal que la Asociación del Fútbol Argentino lo incluyó entre los 24 jugadores que integran el Salón de la Fama.
Su primer apodo fue “La Catapulta de Tigre”, por su explosión en Tigre, el club donde comenzó a llamar la atención. Pero la historia grande empezaría en 1932.
El pase que cambió todo
A comienzos de ese año, River Plate pagó 35.000 pesos por su transferencia desde Tigre: fue la cifra más alta abonada hasta ese momento por un jugador en el fútbol mundial. Allí empezó a forjarse el apodo de “Los Millonarios”.
Debutó el 13 de marzo de 1932 ante Chacarita Juniors y convirtió dos goles. Al finalizar el partido, un espectador lo definió con una frase que quedó para siempre: “No es un hombre, es una fiera”. El periodista Hugo Marini, del Diario Crítica, tomó la expresión y así nació su sobrenombre más famoso: La Fiera.
Desde ese día encadenó una marca que todavía asombra: 19 goles en 12 fechas consecutivas, récord que se cortó frente a Huracán, cuando el arquero De Nicola logró mantener su arco en cero y se llevó un premio especial ofrecido a quien frenara la racha.
El hombre del balazo
Su potencia era legendaria. Los relatos hablan de remates desde 30 metros que parecían disparos de artillería. Por eso lo llamaron también “El Mortero de Rufino”, “Cañonero”, “Romperredes” y “Balazo”.
En 1934, en un penal frente a Independiente, su remate fue tan violento que el arquero Fernando Bello sufrió la fractura de ambas muñecas tras detenerlo. La escena alimentó aún más el mito.
En 1932 fue máximo goleador del campeonato con 47 tantos y River obtuvo su primer título en la era profesional. Volvería a consagrarse en 1936 y 1937. En la Selección Argentina participó del Sudamericano de 1937, torneo que terminó con título para la Albiceleste.
Un fenómeno social
La presencia de Bernabé Ferreyra generaba una revolución. Las entradas costaban un peso, pero en apenas tres partidos River recuperó los 10.000 pesos que le había dado de prima. Cuando el equipo viajaba al interior, el valor de los boletos variaba según jugara o no “La Fiera”.
No era un virtuoso técnico. Su fortaleza estaba en la potencia. Prefería jugar bajo la lluvia, con la pelota pesada y embarrada. Incluso se cuenta que, cuando no llovía, preparaba el balón: desinflaba la cámara, colocaba otra dentro y dejaba la pelota 48 horas en agua. El día del partido era, literalmente, una bomba.
Jamás utilizó protección en sus piernas ni vendajes en los tobillos. Jugaba como pateaba: sin concesiones.
El hombre detrás del mito
A pesar de su fama, era tímido y sencillo. El presidente Agustín P. Justo lo saludó en persona sorprendido por la repercusión de sus goles. En otra ocasión, cuando conoció a Carlos Gardel, le respondió con humildad: “La Fiera es usted cuando canta”.
También dejó su marca en el Superclásico: en 1932 convirtió ante Boca Juniors tras un potente remate que dejó sin reacción al arquero Arico Suárez.
Medía 1,72 metros y pesaba 73 kilos. Pero su impacto fue mucho mayor que cualquier cifra física. No hubo jugador en la historia del fútbol argentino que influyera tanto en las recaudaciones. La gente no iba sólo a ver a River: iba a ver a Bernabé Ferreyra.
Y así nació el primer gran ídolo del club. El hombre que transformó goles en espectáculo y potencia en leyenda.

