Energía y desarrollo
Argentina podría duplicar su producción petrolera con bajo impacto ambiental
:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/energia_1.jpeg)
Tecnología, eficiencia y absorción natural como ejes de una hoja de ruta propia.
Argentina avanza con una estrategia pragmática frente al debate global sobre la descarbonización, convencida de que el desarrollo energético y la transición ambiental no son caminos opuestos, sino procesos que pueden y deben convivir. En ese marco, el país se propone duplicar en los próximos cinco años la producción de gas y petróleo destinada a la exportación, con el objetivo de mejorar la balanza comercial, fortalecer la macroeconomía y generar divisas genuinas, sin desconocer los desafíos climáticos que dominan la agenda internacional.
Lejos de plantear un abandono abrupto de los hidrocarburos, especialistas del sector coinciden en que el desafío central es producir mejor y con menor huella ambiental. Informes recientes de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Energía de la Universidad Austral señalan que el debate no debe centrarse en “dejar de producir”, sino en reducir emisiones mediante eficiencia operativa, innovación tecnológica y mecanismos de compensación, abriendo una nueva etapa para Vaca Muerta como activo estratégico del país.
Desde el ámbito académico, se remarca que el crecimiento productivo debe ir acompañado de sistemas de captura y mitigación, de modo tal que la expansión energética no contradiga los compromisos climáticos. La idea de fondo es avanzar hacia cero emisiones netas con una propuesta realista, adaptada a las condiciones nacionales y alejada de soluciones importadas que no siempre contemplan las asimetrías entre países desarrollados y economías emergentes.
En términos ambientales, los datos oficiales relativizan el impacto global de una mayor producción. Según el inventario nacional de gases de efecto invernadero de 2022, Argentina explica apenas alrededor del 1% de las emisiones globales de CO₂ equivalente. Dentro del total nacional, el sector energético representa cerca del 50%, y de ese porcentaje solo un 6% corresponde a emisiones fugitivas vinculadas a la producción y transporte de gas y petróleo.
Bajo estas cifras, duplicar la producción orientada a la exportación implicaría un incremento estimado de emisiones cercano al 6%, un volumen que los expertos consideran plenamente compensable mediante soluciones basadas en la naturaleza, mejoras tecnológicas y mayor eficiencia en los procesos. El objetivo es avanzar hacia un modelo que permita hablar de “petróleo de baja huella de carbono”, capaz de insertarse en los mercados internacionales sin penalizaciones ambientales.
Un punto clave de esta estrategia es la capacidad natural del territorio argentino para absorber gases de efecto invernadero. Mediciones satelitales difundidas recientemente por la NASA indican que, por sus condiciones geográficas y ecológicas, el país no solo no presenta niveles excesivos de emisión, sino que actúa como sumidero neto de carbono. Aunque esta metodología aún no ha sido incorporada de manera plena en los estándares internacionales, refleja una realidad física que fortalece la posición argentina en el debate climático.
El contexto global también explica la postura adoptada. Entre 1970 y 2024, la demanda energética mundial se triplicó, y lejos de desaparecer, el carbón mantuvo una participación cercana al 27% en la matriz global. Asia, principal motor del crecimiento económico y del comercio internacional, debió sostener su expansión sobre una estructura energética dominada en aproximadamente un 50% por el carbón, como forma de garantizar energía abundante y accesible para su desarrollo industrial.
Frente a este escenario, la tecnología aparece como la herramienta clave para compatibilizar producción y ambiente. Captura y almacenamiento de carbono, electrificación segura de procesos y mejoras sostenidas en eficiencia energética permiten pensar en hidrocarburos con emisiones cada vez más reducidas, capaces de responder a una demanda mundial que, lejos de caer, continúa en ascenso.
Argentina reúne condiciones excepcionales para transitar este camino: vastos recursos de gas y petróleo, un enorme potencial solar y eólico, y extensos territorios aptos para forestación y reforestación, que refuerzan su rol como absorbente de emisiones. Estas ventajas no solo fortalecen su perfil exportador, sino que también abren la puerta a competir en mercados internacionales de bonos de carbono, integrando desarrollo productivo, innovación y responsabilidad ambiental en una misma estrategia.

