Efemérides
Antes de ser calle: el destino trágico de Juan José Viamonte

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La vida de un protagonista de la independencia atravesada por derrotas, exilios políticos y un dolor irreparable.
El 9 de febrero de 1774, en una Buenos Aires todavía colonial, nació Juan José Viamonte, una figura atravesada por las tensiones más profundas de la historia rioplatense. Su vida parece escrita como una tragedia política: comenzó entre promesas militares y gestos revolucionarios, continuó entre derrotas, gobiernos frágiles y exilios, y terminó marcada por el dolor íntimo más extremo, ese que ninguna gloria pública puede reparar.
Hijo de un oficial español fundador de fortines en la frontera interior y de una mujer porteña, Viamonte creció en un mundo donde la guerra era destino antes que elección. A los doce años ya había iniciado la carrera de las armas, y esa temprana vocación lo llevó a combatir durante las Invasiones Inglesas. Su actuación en la defensa del Colegio de San Carlos le valió el ascenso a capitán, pero, sobre todo, lo colocó dentro de la generación que pronto daría el paso decisivo hacia la ruptura con el orden imperial. No sorprende, entonces, encontrar su nombre entre los participantes del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, ese umbral donde la historia argentina comenzó a escribirse con tinta propia.
La Revolución lo empujó hacia el Alto Perú, escenario donde se mezclaban ambiciones políticas, precariedad militar y rivalidades ideológicas. Ascendido a coronel y designado segundo jefe de la expedición, Viamonte quedó atrapado en una campaña que terminaría en desastre. Las decisiones tácticas tomadas en las jornadas previas a Huaqui fueron cuestionadas con dureza, y la derrota abrió un largo proceso judicial que lo mantuvo durante años bajo sospecha. Aunque finalmente sería absuelto, la sombra de aquel fracaso nunca abandonó del todo su figura. En la naciente Argentina, perder una batalla significaba también perder prestigio político, y Viamonte cargaría con esa herida durante el resto de su vida pública. Algo así como perder elecciones en la actualidad.
Aun así, lejos de desaparecer, su trayectoria continuó en el turbulento escenario de las guerras civiles. Fue gobernador, diputado, redactor constitucional, jefe militar y también exiliado. Su carrera refleja la inestabilidad crónica de las primeras décadas independientes, cuando los mismos hombres podían ser héroes, prisioneros o desterrados según el giro imprevisible de la política. En 1829 volvió a gobernar Buenos Aires en una transición que facilitaría el ascenso de Rosas, y pocos años después regresó nuevamente al poder en medio de disputas internas que terminarían por empujarlo a la renuncia. Desde entonces, su destino quedó sellado por la oposición y el destierro.
Sin embargo, nada en su biografía resulta tan estremecedor como el final. Exiliado en Montevideo y temiendo por su vida, Viamonte debió asistir a la destrucción de su propio mundo familiar. Su hijo Avelino fue asesinado brutalmente por orden del régimen rosista, una violencia que transformó la persecución política en tragedia doméstica. Como si ese golpe no bastara, otro de sus hijos murió de tuberculosis en el Brasil. El viejo general, que había sobrevivido a campañas, derrotas y revoluciones, no pudo sobrevivir al dolor. El 31 de marzo de 1843, en el exilio, murió lejos de la tierra por la que había combatido desde la adolescencia. Su muerte resume la suerte de muchos protagonistas de la independencia: vencedores en la guerra, derrotados en la paz. Por esto, recordar su nacimiento constituye una fecha clave.
Pasarían muchos años hasta que la Argentina buscase reparar el maltrato al que sometió a uno de sus grandes hombres. En 1881 sus restos fueron repatriados con honores nacionales, mientras las banderas permanecían a media asta en edificios públicos y buques de guerra. El país que lo había visto partir en la amargura lo recibía ahora con solemnidad. Fue enterrado en la Recoleta, en la bóveda familiar. Allí, una placa lo recuerda como defensor contra la invasión extranjera, iniciador de la Revolución y campeón de la libertad sudamericana, subrayando con palabras solemnes lo que la vida le había negado en sus últimos años: reconocimiento en su propia patria.
La existencia de Juan José Viamonte condensa, con una intensidad casi literaria, las contradicciones fundacionales de la Argentina. Militar de la independencia y actor de las guerras civiles, gobernador efímero y exiliado persistente, padre atravesado por la violencia política y finalmente figura rescatada por la memoria nacional, su recorrido revela que la historia no se compone solo de victorias, sino también de pérdidas irreparables.
Por eso, cada 9 de febrero no recuerda únicamente un nacimiento. Evoca la vida entera de un hombre cuya tragedia personal refleja la tragedia colectiva de un país que estaba aprendiendo, entre sangre y destierro, a existir.
