Efemérides
21 de febrero: el día que silenciaron a Malcolm X

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A 61 años del crimen que sacudió a Estados Unidos, las preguntas siguen abiertas.
El 21 de febrero de 1965, en el Audubon Ballroom de Manhattan, Malcolm X cayó bajo una lluvia de balas. Tenía apenas 39 años. Era ministro musulmán, líder afroamericano y una de las voces más potentes —y temidas— del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Hoy, al cumplirse un nuevo aniversario de su asesinato, su figura continúa generando preguntas incómodas y revelaciones tardías.
Aquella tarde, mientras se preparaba para dirigirse a la Organización de la Unidad Afroamericana en el barrio de Washington Heights, alguien gritó desde el público: “¡Negro! ¡Saca la mano de mi bolsillo!”. Fue el caos. En segundos, un hombre se abalanzó sobre el escenario y disparó una escopeta recortada contra su pecho; otros dos atacantes descargaron pistolas semiautomáticas. La autopsia reveló 21 heridas de bala. Malcolm fue declarado muerto a las 3:30 p.m. en el Hospital Presbiteriano de Columbia.
Un hombre marcado
Para comprender el crimen es necesario volver sobre 1964, el año en que Malcolm rompió definitivamente con la Nación del Islam (NOI) y con su líder, Elijah Muhammad. La ruptura no fue solo política: fue moral y pública. Malcolm denunció las relaciones sexuales de Muhammad con menores y criticó sus declaraciones tras el asesinato de John F. Kennedy. En marzo de 1964 anunció su salida.
Desde entonces, las amenazas se multiplicaron. Su casa en East Elmhurst fue incendiada el 14 de febrero de 1965, apenas una semana antes del asesinato. Betty Shabazz, su esposa, recibió llamadas intimidatorias. Informantes del FBI registraron advertencias de que Malcolm “iba a ser liquidado”. En entrevistas concedidas días antes de morir, el propio Malcolm afirmó ser un “hombre marcado”. Dijo, con una lucidez trágica: “Este asunto conmigo se resolverá con la muerte y la violencia”.
Los acusados y las sombras del proceso
Tres miembros de la Nación del Islam —Muhammad Abdul Aziz (entonces Norman 3X Butler), Khalil Islam (Thomas 15X Johnson) y Thomas Hagan (Talmadge X Hayer)— fueron acusados y condenados a cadena perpetua en 1966. Hagan confesó haber participado, pero sostuvo que los otros dos eran inocentes. Durante décadas, sus declaraciones juradas no fueron escuchadas.
En abril de 2010, Hagan recuperó la libertad condicional. Y en noviembre de 2021, tras una revisión histórica del caso impulsada por nuevas investigaciones y por la docuserie de Netflix ¿Quién mató a Malcolm X?, el fiscal de Manhattan exoneró a Aziz e Islam. Habían pasado más de cincuenta años. Islam murió en 2009 proclamando su inocencia. Aziz, ya anciano, sostuvo lo mismo tras su liberación.
Las preguntas persisten: ¿actuaron solos miembros de la NOI? ¿Hubo negligencia deliberada o encubrimiento por parte del FBI o la CIA, que vigilaban estrechamente a Malcolm? En plena Guerra Fría y con el movimiento negro en ascenso, la figura de Malcolm resultaba incómoda no solo para sus antiguos correligionarios, sino también para el Estado.
Un asesinato en la década del plomo estadounidense
El crimen de Malcolm X fue uno de los grandes magnicidios de los años sesenta en Estados Unidos. Ocurrió menos de dos años después del asesinato de John F. Kennedy y precedió a los de Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy en 1968. Fue una década atravesada por la violencia política, donde las balas parecían clausurar debates que la sociedad no lograba resolver.
Sin embargo, Malcolm no fue un mártir pasivo. Su pensamiento evolucionó. Tras peregrinar a La Meca, abrazó una visión más universalista del islam y del combate contra el racismo. Fundó la Organización de la Unidad Afroamericana, buscando internacionalizar la causa afroestadounidense y denunciar la discriminación ante las Naciones Unidas. Su radicalidad no era simple furia: era estrategia y convicción.
El funeral de un “príncipe negro”
Entre el 23 y el 26 de febrero de 1965, entre 14.000 y 30.000 personas pasaron frente a su féretro en Harlem. El 27, el actor Ossie Davis pronunció un elogio fúnebre que quedó grabado en la memoria colectiva. Lo llamó “nuestro brillante príncipe negro”. Frente a quienes querían borrarlo de la historia, Davis respondió: “Al honrarlo, honramos lo mejor de nosotros mismos”.
Malcolm X fue enterrado en el cementerio Ferncliff, en Hartsdale, Nueva York. Sus amigos tomaron las palas y completaron el entierro con sus propias manos. Ruby Dee y Juanita Poitier organizaron un comité para sostener económicamente a su familia. Incluso muerto, Malcolm seguía convocando solidaridad y conciencia.
Memoria y legado
A sesenta y un años de su asesinato, Malcolm X sigue siendo una figura incómoda, apasionante y necesaria. No encaja en simplificaciones. Fue nacionalista negro y luego internacionalista; fue incendiario y reflexivo; fue odiado y venerado. Su muerte violenta no logró borrar su influencia.
Hoy, cuando el racismo estructural continúa siendo un problema central en Estados Unidos, su voz resuena con una fuerza que el tiempo no ha podido apagar. Malcolm X no fue silenciado por las balas: fue amplificado por la historia.
