Estados Unidos
Renee Good, wokismo y muerte: el precio de una ideología ridícula

Ingeniero de Software y escritor
:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/renee_1.jpeg)
La tragedia de confundir superioridad moral con derecho a todo.
Ser “woke” implica vivir en un estado de alerta moral constante: detectar injusticias incluso en los detalles más mínimos, como los subtítulos de una serie, pedir disculpas públicas por bromas hechas hace años y acumular etiquetas identitarias como si fueran pegatinas. Es una conciencia social intensificada, noble en su origen, pero a menudo incómoda en la práctica.
El término “woke” proviene de la expresión inglesa “stay woke”, utilizada originalmente en comunidades afroamericanas como un llamado a mantenerse vigilantes frente al racismo sistémico y las injusticias sociales. Con el tiempo, su significado se ha expandido para abarcar otras formas de desigualdad y ha ganado popularidad en distintos contextos.
El “wokismo” se manifiesta, por ejemplo, cuando alguien reprende al mozo que, de manera inocente, sirve una cerveza al hombre y un café a la mujer. ¿Cómo se atreve el mozo a asumir que la cerveza es para el hombre? ¡Patriarcado! Entonces, la actitud “woke” surge con fuerza, impulsando a quien la detecta a pronunciar un discurso que busca avergonzar al mozo, generando así una situación muy incómoda para todos los presentes. Este tipo de reacción, lejos de fomentar el entendimiento, solo contribuye a crear un mal ambiente y a polarizar aún más las posturas.
Dicho estado de conciencia es un camino, y siempre el primer paso es el “virtue signaling”. Es el arte de anunciar tu bondad en altavoz para que el algoritmo y tus conocidos te aplaudan. Es la tarjeta de presentación del “woke” moderno. Porque ser “woke” es despertarse con la intención de corregir el mundo desde la comodidad del sillón: aprender el léxico correcto, coleccionar causas como stickers y convertir la empatía en un espectáculo con subtítulos. Por eso debés enviar señales de tu virtud, llevar la bandera de Palestina o Ucrania en tu perfil, tus pronombres en tu perfil, indignarte hasta lo imposible con cualquiera que no piense como vos y llamarlo Hitler. Firmar peticiones para cosas de las cuales ni sabés el impacto y, si es posible, donar dinero por alguna causa de moda. Denunciar públicamente a quienes no piensan como vos, pidiendo que los silencien. Aunque gritarías desgarradoramente censura si te hicieran eso. En conclusión, cuando sos “woke” todos los demás son fascistas, y es tu deber decirlo.
El siguiente escalón en la senda “woke” puede volverse peligroso: cuando el fervor moral alcanza tal intensidad que la persona se convierte en activista. En ese punto, la necesidad de transformar el mundo trasciende las redes sociales y se traduce en acciones concretas, como bloquear calles en defensa de Palestina o impedir el acceso a un restaurante para proteger a los animales. Surge entonces la convicción de que es necesario educar a los demás sobre qué causas deben preocuparles, cómo deben alimentarse y cómo deben comportarse. Quien se considera “iluminado” por esta conciencia siente el deber de guiar a todos a través de la acción, convencido de que su visión es la correcta y de que los demás son estúpidos e ignorantes.
Así fue como Renee Nicole Good pasó de “woke” a activista y luego a activista extrema, organizando grupos de bloqueo contra I.C.E. (policía de inmigraciones de Estados Unidos). Renee se sentía iluminada por su causa, convencida de que cercar a la policía era más importante que respetar la ley. Para ella, todos los demás eran fascistas; no importaba si los inmigrantes arrestados eran ilegales, si habían cometido delitos o si los procedimientos de I.C.E. estaban justificados. Lo único relevante era su propia moral, y se arrogaba el derecho de dictar lo que los demás podían o no podían hacer.
La semana pasada, Renee decidió obstruir una redada de I.C.E. Cuando un policía se paró frente a su auto y le ordenó bajarse, ella puso primera y aceleró, intentando claramente atropellar al oficial. No estaba tratando de huir, ya que su esposa estaba fuera del vehículo grabando videos para TikTok, mostrando la virtud “woke” en redes sociales. Al ver el peligro, el policía sacó su arma y disparó. Renee falleció convencida de que su causa era tan justa y su virtud tan elevada que ni las balas podían tocarla.
La primera bala atravesó el parabrisas, demostrando que el auto se dirigía directamente hacia el policía. En Estados Unidos, un automóvil es considerado legalmente un arma, y acelerar hacia un oficial tras una orden de alto se interpreta como intento de homicidio. El oficial que disparó no enfrentará cargos, ya que actuó conforme a la ley.
Ahora, Renee ha sido convertida en mártir del “wokismo”. Su vida, en realidad, nunca importó tanto como la publicidad que el movimiento puede generar, mostrando solo los videos donde la situación parece confusa y ocultando aquellos en los que se ve claramente el intento de atropello. Hasta ayer, los “woke” ya habían recaudado un millón y medio de dólares en donaciones para la familia. Renee se ha transformado en una bandera que ondea sobre una mentira: la supuesta superioridad moral de quienes solo respetan la ley cuando coincide con su ideología.
Renee no es un mártir, sino víctima de su propia necesidad de protagonismo, cabalgando sobre el pony bautizado “wokismo”.
