PANORAMA
Macri busca un PRO fuerte: puede ser candidato sin acuerdo con Milei

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Mauricio Macri y las chances del Segundo tiempo. La crisis en CABA y la necesidad de volver a comunicar bien.
El PRO enfrenta un desafío histórico como partido: no tiene un referente nacional en actividad, en gestión, eso que hizo trascender las fronteras de la Capital Federal a Mauricio Macri para ganar Buenos Aires, ocho provincias más y el país a Daniel Scioli y Carlos Zanini once años atrás. Venían con el expediente digital, el estado chico que resuelve y las licitaciones transparentes para combatir el caos elefantiásico populista de Cristina, Scioli y Sergio Massa. Lo lograron. Pasaron once años.
Mauricio Macri es hoy el único dirigente del PRO de peso que marca agenda, convoca empresarios y políticos de todo el país y de todos los espacios, mantiene una agenda con networking internacional que probablemente no tenga nadie en el país y enfrenta en su espejo sus dos partes: la ambición irrefrenable y la cultura del laburo de su padre Franco Macri, y su costado acuariano amigo de los sueños, el disfrute, la famiglia y los amigos. Es un ingniero soñador que puede volver a pensar en ser Presidente, y hay algunas aristas interesantes para analizar.
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En la mesa chica de los amigos de Macri ven como el Gobierno sostiene la hostilidad y la violencia discursiva como moneda de cambio, ven que se achica la base votante del oficialismo y que la imagen de Javier Milei no es la que era. Saben que no van a bajar un cambio, que Milei cree que la batalla cultural se da todos los días en todas las plataformas y tiene motivos sobrados para creer en eso, mal no le va. Se vienen meses decisivos en la cabeza de Macri, donde empieza a agotarse el espacio para los errores.
Economistas en privado ven un escenario de estabilidad para el año que viene, con dolar corregido a 2000 pesos antes de votar, inflación en un punto y recuperación del salario real. Eso es lo que haría que Mauricio Macri no juegue, sabe que el bolsillo cuando adentro tiene algo, es conservador y mantiene lo que hay, no cambia. Si eso no sucede y hay vacas flacas antes de votar, el panorama cambia.
Cristian Ritondo fue tal vez más claro que toda la comunicación del PRO de los últimos seis meses. “Si no cumplen un acuerdo, lo que se rompe es la confianza”, dijo en TN al ser desplazado de la comisión bicameral de Inteligencia por Sebastián Pareja. Macri ya no confía en Milei, pero menos en Santiago Caputo, y menos que menos en Karina. No les ven capacidad y creen que “su amateurismo estridente es más peligroso que la visceralidad del populismo de CFK”, según describen cerca de Macri.
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El PRO fue lo moderno, hoy no lo es, lo sigue siendo LLA, lo es incluso Sergio Uñac, que decidió lanzarse a través de Blender con Tomás Rebord y el resto de los colaboradores de Agustin Morini, ese empresario que cierra la grieta y le da trabajo a las Fuerzas del Choque de Milei y los Peronistas renovados de Cristina desde su efímero imperio. El PRO desperdició una oportunidad la semana pasada, y es parte de lo que Macri puede recuperar, mejorar y aggiornar para volver a ser opción en caso que no haya acuerdo con Javier o Karina Milei.
Un comunicado lavado, poco contundente y peor explicado a través de medianos o chicos dirigentes se emitió la semana pasada. Para peor, contado por radio por Fernando de Andreis, un dirigente con conocimiento por debajo del 10% a nivel nacional y esencialmente porteño, algo que el PRO no necesita para volver a ser una opción nacional teniendo a Mauricio Macri. Es decir, eligieron un dirigente que fue quinto candidato a Diputado para explicar en medio que tiende a desaparecer como la radio, y con un comunicado estático y antiguo. No debería volver a pasar si aspiran a volver.
La paradoja sucede: el partido que revolucionó la comunicación política con Marcos Peña hoy tiene un problema grave de comunicación y estrategia. No son asertivos, no marcan agenda, repiten entrevistas con amigos de Macri, no tienen comunicando a Guillermo Dietrich, Andrés Ibarra, Jorge Triaca o dirigentes de peso, no explican los errores del Gobierno, no se diferencian para mostrar lo que hicieron. Regalan todas las pelotas, y las que van afuera, las buscan y las meten en su arco, en términos futboleros.
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En Ciudad el panorama es claro, Jorge Macri está pintado de violeta y en la dulce espera: quiere ser candidato de Javier Milei y del PRO unidos para evitar fricciones. Por eso endurece su postura de sheriff para lograr ser aceptado por Karina Milei y Pilar Ramirez, las dos mujeres que van a decidir qué se hace en CABA en diez meses. “Ni cerca lo queremos, no nos interesa y la gestión de Jorge no es sólo mala, es lenta, ausente y básicamente oscura”, resumieron cerca de Karina. Hay tiempo para revertir sin dudas. La gestión de Jorge mejoró datos con respecto al desastre de 2025, pero sigue sin convencer y con Jorge Macri como candidato y sin acuerdo con LLA es el cantado final del PRO en CABA.
El panorama porteño es complejo, volvió un día el Tano Angelici, quien decodifica y aplica bien el pensamiento de Mauricio Macri cuando lo es requerido. Ezequiel Sabor arma por afuera y Angelici por adentro en Ciudad. Una preocupación que deberían tomar nota: más de un empresario y dirigente menciona como escollo a Orly Terranova, nieto del empresario que fundó el grupo de publicidad vial y hoy big player de la Ciudad. “Con Orly no se puede, es todo a la vieja usanza, los tiempos cambiaron y es un chico demasiado bruto”. Un empresario que presta servicios a la Ciudad resume la personalidad de Terranova, a quien acusa en privado de pedir cosas que no corresponden.
Mauricio Macri ve agua en la pileta, sabe que hay espacio para una derecha republicana liberal que no inspire la violencia de inspira hoy LLA a sus ojos. Macri cree que se puede respetar la prensa, volver al dialogo, cerrar la grieta y convocar al hoy herido e insultado empresariado. Ojo, son los mismos que lo convencieron de que juegue y después guardaron la chequera en la caja fuerte para ver mandelas en Alberto Fernández. Empieza el Segundo Tiempo.
