Continuidad o cambio
Larreta rechaza las PASO y se pone el traje de referi: ¿PRO & LLA?

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Los violetas sin candidato, el PRO en suspenso y el ex alcalde sumando socios. Crece la tensión porteña.
Horacio Rodríguez Larreta volvió a su vieja casa: la mesa del fondo de Tabac, al lado del biorsi, donde la puerta lateral le permite entrar y salir sin tanto alboroto. Se sentó con muchos, casi todos los días, temprano, llega con el perfume de las medialunas y se va en silencio. Consultores, lobbistas, dirigentes, Felipe Miguel, todos desfilan por el café que combina política, Tinder, levante, rosca y familia en menos de doce horas. Pepín Rodríguez Simón también volvió un día.
La Ciudad enfrenta una anomalia impensada: el PRO sabe que necesita mejorar y agrandar la pecera para evitar una derrota, sea Jorge Macri o la interna que abra si es que cede al pedido interno y la permite como presidente del PRO. La Libertad Avanza vio caer en batalla su soldado más preparado para el suelo porteño, Manuel Adorni no será candidato, pero esencialmente porque en privado dice que jamás quiso serlo.
Fiel a su estilo, Jorge Macri le empapa la oreja seguido a su ex socio y jefe Horacio Rodriguez Larreta. Condena lo hecho en política social sobre la urbanización de las villas, desarmó la política de urbanismo y tránsito, endilga la presencia de piquetes de otros tiempos versus su logro en las calles sin cortar, todo está apuntado a Larreta. Los violetas creen que Macri muere por ser el candidato de la unidad liberal macrista en la Ciudad, pero ellos no quieren. A nadie le sobra nada, tal vez sean los tiempos de postergar la pedantería y reemplazarla por la escucha humilde.
Así entonces, Jorge Macri ahora exporta una figura de tolerancia cero al delito y alcalde mano dura de ciudad cosmopolita que le arrimó un consultor privado en un paper tiempo atrás en forma gratuita. “Serás Giuliani o no serás nada”, le dijeron y tomó el consejo al pie de la letra. Echa usurpadores de propiedades, comunica intolerancia a los intolerantes con un discurso complejo que mira de cerca el rechazo a los pobres y extranjeros en un distrito fuertemente poblado.
El PRO tuvo mejores momentos, casi todos los que gobernó fueron mejores, pero no es el único, la política en general está rota en la Ciudad. Horacio Rodríguez Larreta teje de día pero de noche descansa, no desarma nada. Cree que las PASO amarillas no le suman, que en su FODA personal está el buen recuerdo del intendente gestor imparable que sabe qué pasa en cada cuadra y que escucha a todos. Así llegó a construir un bloque de reforma constitucional automática, un volumen sin precedentes en el distrito que hoy ni es ni un sueño.
La Coalicion Civica es un recuerdo, el radicalismo ya se calzó el disfraz de rémora para ver qué oceano le toca nadar, el Peronismo está en silencio pero sueña con Larreta, La Cámpora es una mala palabra y ni los líderes opinan de política, la izquierda siempre será la izquierda, no más que eso.
Volviendo a Horacio. Todo voló por los aires, su campaña presidencial no fue lo que soñó, el PRO le ganó la interna a Martín Lousteau por un pelo y finalmente Jorge Macri llegó a gobernar por quinta vez consecutiva la Ciudad en nombre de los amarillos. Macri tiene el apellido más ganador de la historia, un perfil de hombre duro y va a ser papá, en un votante como el porteño, le sobran motivos para ganar y para perder, depende cómo comunique su campaña, algo que podría ser mucho mejor de lo que es.
Ahora bien, ni el PRO es lo que era, ni Horacio es el PRO, ni los violetas tienen chances de ganar solos si no tienden puentes en vez de destruir los que hay. La marca nacional violeta también tiene esquirlas con formas de libra, Adorni, Andis y vuelos privados que no colaboraron con el posicionamiento de una marca que nació para repudiar los beneficios de los políticos y rápidamente se vio envuelta en situaciones de dudosa originalidad.
Pilar Ramirez no quiere ser aunque es el cuadro más complejo y empezó un raid de bajadas con vecinos que tiene contentos a los hermanos Milei. Es agradable, no estridente, es un cuadro técnico que siembra sin pausa y representa un votante no progresista pero republicano y sin despreciar ni insultar a nadie. Manuel Adorni ni quiere ni puede ser, y Patricia Bullrich puede ganar sin problemas, pero antes deberá hacerse de la confianza de Karina Milei, un oxímoron. Un trasnochado podría recordar que Martin Menem es un porteño con domicilio porteño, estilo porteño y apellido que hoy cotiza más que la mayoría de los apellidos políticos.
Si Larreta acepta las PASO que propone un sector del PRO, le aporta el voto progresista no duro ni derecha que logró arrimar tiempo atrás y que se ve espantado cuando Macri habla de tolerancia cero y prioridad de los porteños. El peligro del PRO es entonces la reedición de un cordón humanitario a la francesa que una a Daniel Angelici, por ende Nosiglia, la Coalición Civica, el radicalismo más allá de lo que quiera Martín Lousteau, parte del PRO que no se identifica con Jorge Macri y logre meterse en un balotaje. Algo que perfectamente puede pasar y Macri lo sabe.
Clara Muzzio corre por su cuenta, la relación con Jorge Macri es institucional y el vuelo propio de la vice jefa se percibe en cada acto. Toma café con vecinos, pregunta y responde en carácter personal y avanza. Soporta estoica el vaciamiento de absolutamente todo lo que le pueden vaciar desde el jorgismo y cultiva un perfil de mujer desarrollada, liberal y mano dura que en Capital es algo seductor.
Horacio Rodriguez Larreta hizo una excelente elección, sin los “fierros” millonarios que supo tener, con los medios tradicionales haciéndole bullying constantemente y un perfil de dirigente calmo y metódico en una Argentina estridente e dinámica, logró cinco diputados en blanco y otro tanto en voz baja. Más de un legislador porteño habla, se reúne y arma agenda con Larreta mientras jura pleitesía a algún otro.
Será Larreta y su campaña el que decida el rumbo del año electoral porteño: será con o contra Jorge Macri. Será una campaña en soledad o con todo el cordón humanitario.
