Medio Oriente
Home Alone: Trump le suelta la mano a Netanyahu por la masacre en Gaza

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Israel en soledad sostiene una guerra con rechazo global. La advertencia de Trump y la suspensión de Meloni.
Gaza duele, no importa cuando leas esto. Fusilamientos, chicos muertos. Hambre y bombardeos. Siempre. El terrorismo de Hamas y los ataques del ejército de Bibi Netanyahu generan un espanto internacional, y le llegó la hora al líder israelí: Donald Trump analiza cortar financiamiento y apartarlo políticamente. Son pocos países -Argentina es uno- los que apoyan abierta y explícitamente el rol de Israel en Gaza, ahí donde hirieron murieron según UNICEF 12 millones de chicos entre 2023 y 2026.
Me llaman amigos del Líbano, amigos judíos. Mi amigo Juan está allá y es abogado y conocedor de la causa, me explica que los judíos no representan lo que está haciendo el líder actual y que es un genocidio con todas las letras y los argumentos legales. Nadie quiere la guerra en Gaza. Aparecen declaraciones que espero sean falsas. Que fusilan chicos, que les sacan la comida y les disparan, que hay explosivos en cajas de comida. Llegan a explicarme que soldados violan niñas, que matan y brindan. Un horror que no puede ser verdad porque no tiene ligazón con la guerra, solo con la perversión y la máxima expresión imperial.
La discusión sobre el futuro geopolítico de Medio Oriente y el alineamiento automático de Washington con Tel Aviv ingresó en una fase de realineamiento brutal apenas Javier Milei consolidó su propia agenda externa. En los despachos del poder global, la histórica sintonía ideológica entre Donald Trump y Benjamín "Bibi" Netanyahu se transformó en un incómodo recuerdo del pasado. El líder norteamericano enfrió de manera pública y sistemática su relación con el primer ministro israelí, exigiéndole un freno inmediato a la ofensiva militar. El desastre en Gaza y el Líbano con los últimos ataques encuentra a Bibi en la más absoluta soledad.
En Italia, desde 2003 había un acuerdo de cooperación militar con Israel. El rechazo global fue tal, que Georgia Meloni
Estados Unidos tiene como presupuesto regular unos 3.800 millones de dólares para Israel, a eso hay que sumarle un paquete especial de guerra por 21.300 millones de dólares aprobado por el Congreso como “Fondo especial para la guerra”. Sumado a eso, el Pentagono con unos 12.000 millones de dólares para “presencia en zona de guerra y proteger líneas de suministro propio”. Es decir, Trump está sosteniendo un socio rechazado a escala global y financiando su expansión territorial por 28.100 millones de dólares.
El fenómeno dejó de ser un sutil giro diplomático para convertirse en una cruda realidad de supervivencia política: Trump decidió soltarle la mano a "Bibi", acorralado por el costo reputacional global y las denuncias internacionales de genocidio que terminaron por dinamitar la imagen pública de Israel en Occidente.
Trump entendió antes que nadie que las brutales imágenes que recorrieron el mundo de manera diaria no solo aislaron a Israel, sino que comenzaron a contaminar la propia marca política del conservadurismo occidental. "Están perdiendo la guerra de la comunicación de manera total; el mundo los mira y ve destrucción", disparó el magnate en sus intervenciones más recientes, exponiendo el raquitismo de la estrategia comunicacional de Netanyahu.
El bumerán de la opinión pública y el costo de la masacre
La contraofensiva discursiva de Trump desnudó el profundo desprecio que siente por la incapacidad de Netanyahu para "terminar el trabajo" con rapidez y solvencia técnica. El desafío es explicar que “el trabajo” que describe Trump incluye la muerte de decenas de miles de personas con algunas puntuales muertes de terroristas jerárquicos de Hamas. El presidente norteamericano acusó abiertamente al primer ministro de estirar el conflicto bélico para estirar, en paralelo, su propia supervivencia en el cargo y esquivar las causas judiciales por corrupción que lo esperan en Tel Aviv. Mientras el gobierno israelí continuó justificando los bombardeos masivos, Trump le facturó el desgaste de la legitimidad internacional. Win win para el republicano, que logró posicionarse como un pragmático pacificador global mientras empujó al líder del partido Likud hacia el cadalso de la historia.
El buen vínculo que la Casa Rosada y la diplomacia argentina intentaron tejer con ambos extremos de la alianza no pasó desapercibido en esta reconfiguración de la botonera internacional. Los técnicos del sector energético y los analistas de política exterior miraron con atención este cortocircuito, sabiendo que un eventual regreso del esquema trumpista más duro al Salón Oval no incluirá un aval ciego a las masacres televisadas. Trump repitió hasta el cansancio que Israel debe "volver a la normalidad y a la paz", no por un repentino brote de sensibilidad humanitaria, sino porque la presión de las potencias emergentes y el repudio generalizado amenazan con desatar un boicot comercial y financiero insostenible para el capitalismo global.
Hacia un recambio de interlocutores en Tel Aviv
Las perspectivas de mediano y largo plazo para el eje Washington-Tel Aviv se perfilaron con un pesimismo absoluto para la figura individual de Netanyahu. El distrito político norteamericano dejó atrás la época de las concesiones gratuitas —como el traslado de la embajada a Jerusalén que Trump otorgó en su primer mandato— y pasó a exigir resultados tangibles que no incendien el tablero global. La era de la complicidad silenciosa frente al dolor de Gaza chocó de frente con el límite del marketing político: Trump ya notificó a sus operadores que considera a "Bibi" un líder desgastado, anacrónico y políticamente tóxico.
La región demostró que el pragmatismo regulatorio y la estabilidad en las reglas de juego internacionales no conviven bien con liderazgos obsesionados con la guerra eterna. Al quitarle el paraguas de protección discursiva, Trump dejó a Netanyahu expuesto al fleje del repudio internacional y al inminente avance de los tribunales de La Haya. El mensaje de la nueva derecha global fue tajante: el soporte logístico continuará para el Estado de Israel, pero el destino personal de su primer ministro ya fue sellado en las mesas de negocios de Florida, transformando la antigua foto de hermanos de armas en el velorio político de una gestión acorralada por sus propios excesos.
