INVESTIGACIÓN
Exclusivo: el informe privado del exembajador de Estados Unidos en Paraguay para ensuciar la interna del partido Colorado

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Newstad accedió al documento que confirmaría que el expresidente Mario Abdo Benítez le pidió a EE.UU declarara “significativamente corrupto” a su propio vicepresidente, Hugo Velázquez en 2022.
En Paraguay, la política se juega hace décadas en la interna del Partido Colorado, un partido hegemónico que gobierna con pocas interrupciones desde mediados del siglo pasado. Ahí se ponen en juego liderazgos, candidaturas y alianzas, mientras la oposición, eternamente fragmentada, no logra consolidar una alternativa real de poder. En ese tablero, los vínculos con Washington siempre tuvieron un lugar sensible: desde acuerdos energéticos y de seguridad hasta sanciones por corrupción que, en los últimos años, alteraron la dinámica interna de los principales actores.
Marc Ostfield, exembajador americano durante la gestión Joe Biden en Estados Unidos, dejó una huella incómoda en Paraguay. Fue el encargado de anunciar sanciones inéditas contra figuras centrales de la política local, que le valieron un pedido de retiro anticipado durante el final del 2024. Las declaraciones de “significativamente corruptos” dejaron al descubierto la magnitud de la injerencia extranjera en la vida interna del Partido Colorado y de Paraguay. A casi tres años de estas acciones, se empiezan a conocer los entretelones que tuvieron lugar para la emisión de esas sanciones.
Este medio accedió a un informe diplomático reservado, fechado en agosto del 2022, redactado por el exembajador Ostfield y dirigido hacia la Secretaría de Estado. En él menciona el éxito de las sanciones aplicadas recientemente a Horacio Cartes y, además, la solicitud del expresidente Mario Abdo Benítez para una reunión confidencial: “En línea con estas elecciones (internas), me sorprendió el llamado del presidente Abdo solicitando una reunión confidencial, la que se realizó ayer 2 de agosto en un lugar apropiado y sin posibilidad de que sea filtrada a la prensa”.
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En ese momento, Mario Abdo Benítez, presidente en ejercicio, se encontraba en medio de la elección interna del Partido Colorado. De un lado estaba Santiago Peña, impulsado por Cartes; del otro, Hugo Velázquez, su vicepresidente, sostenido políticamente por Benítez. Aquellas internas definirían al candidato que competiría en las elecciones generales de 2023 representando al Partido Colorado por la presidencia del Paraguay.
Volviendo al informe, en él Ostfield declara que Abdo le habría dicho en esa reunión que la elección de Velázquez como su vicepresidente había sido por mera “conveniencia política” y que, en realidad, este no contaba con su apoyo en las internas. La sociedad Benítez-Velázquez se habría formado únicamente para derrotar, en las internas del 2017, al candidato de Cartes, Santiago Peña. Además, agrega que “quien realmente goza de su confianza (la de Mario Abdo) para sucederlo en la presidencia es el ex pastor protestante y actual ministro de Obras Públicas Arnoldo Wiens”.
Esta descripción que hace Ostfield, oculta hasta este momento, pone el foco en la relación que la dupla presidencial mantenía de cara al enfrentamiento con Santiago Peña y las diferencias respecto del mejor camino para derrotar a Horacio Cartes. En el escrito, Ostfield agrega que Mario Abdo le expresa una profunda incomodidad en su vínculo con el exvicepresidente Hugo Velázquez. Según Benítez, Velázquez, durante su etapa como fiscal de Ciudad del Este, habría facilitado el tráfico de influencias en varios casos judiciales a cambio de dinero y participado en procesos de lavado de activos para organizaciones criminales. En adición, durante su etapa como vicepresidente, habría intervenido en adjudicaciones de obras públicas y sobornado jueces, con montos que superaban el millón de dólares. Todo esto, dice el informe, corroborado y denunciado por los exfiscales René Fernández y Carlos Arregui.
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Según Ostfield, la colaboración activa en todos estos hechos de corrupción habría sido provista por Juan Carlos Duarte, colaborador de la fiscalía de Ciudad del Este y, en ese momento, jefe jurídico de la Entidad Binacional Yacyretá. Duarte habría trabajado en sociedad con Velázquez, para luego ser postulado a la Corte Suprema de Justicia una vez que este ganara la elección interna del Partido Colorado.
En la charla entre Benítez y Ostfield, este último relata que el expresidente insistió en que debían reemplazar la candidatura de Velázquez por un candidato más competitivo y evitar la postulación de Duarte a la Corte Suprema. En el final del encuentro —y siempre siguiendo el relato del informe de Ostfield— Benítez solicita formalmente al gobierno de Estados Unidos la declaración de “significativamente corruptos” a Velázquez y Duarte, con el objetivo de que el primero decline su candidatura para que asuma Arnoldo Wiens y extinguir las posibilidades reales de Duarte de llegar al máximo tribunal. Este pedido no solo contempla una intromisión directa en los asuntos internos por parte del embajador, sino que también refleja la desesperación de Abdo en la pulseada interna contra Santiago Peña y Horacio Cartes.
Como conclusión del informe reservado remitido a la Secretaría de Estado, el exembajador Ostfield señala que, luego de “corroborar la información proporcionada y en línea con los reportes remitidos con anterioridad, considero seremos protagonistas de una jugada maestra destinada a eliminar políticos corruptos”. Y añade: “De llegar Wiens a la presidencia tendremos un aliado incondicional con nuestro gobierno”. El informe finaliza con una recomendación directa: “Por todo esto, recomiendo al Departamento de Estado realizar un análisis serio de este reporte y tomar una decisión a la brevedad. Si la decisión es positiva, lo anunciaré por los mismos canales que utilizamos sobre el anuncio de Horacio Cartes”.
La revelación de este informe reservado expone con crudeza cómo las disputas internas del Partido Colorado trascendieron las fronteras paraguayas y se vieron atravesadas por la influencia directa de Estados Unidos. El pedido del entonces presidente Mario Abdo Benítez al embajador Marc Ostfield para sancionar a su propio vicepresidente no solo confirma la magnitud de la crisis política y de confianza en el seno del oficialismo, sino que también deja en evidencia el peso que las decisiones diplomáticas norteamericanas tuvieron en la dinámica local. Lo que para Abdo fue una jugada desesperada en la pulseada contra Horacio Cartes, para Ostfield aparecía como una “jugada maestra” con la promesa de un aliado incondicional en el poder. Este cruce de intereses desnuda una trama de conveniencias, corrupción y estrategias geopolíticas que marcaron un punto de inflexión en la política paraguaya reciente.
El levantamiento de las sanciones a Cartes
En octubre de 2025, la Office of Foreign Assets Control (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos levantó oficialmente las sanciones financieras que pesaban sobre Horacio Cartes y sus empresas, tras más de un año de revisión. El anuncio significó la salida del expresidente de la lista de “especialmente designados” (SDN), permitiendo la normalización de sus operaciones bancarias y comerciales. Sin embargo, las únicas sanciones impulsadas por Ostfield que quedaron fijas fueron las de Hugo Velázquez.
El levantamiento de las sanciones financieras fue interpretado en Asunción como una revalidación política de Cartes y, al mismo tiempo, una admisión implícita de que las sanciones originales habían respondido más a la discrecionalidad diplomática del embajador Marc Ostfield que a pruebas judiciales concluyentes. El episodio reabre el debate sobre las relaciones entre Estados Unidos y Paraguay, utilizadas en su momento como herramienta de presión política durante la interna colorada. Hoy, con Cartes nuevamente en control del partido y su entorno rehabilitado en el circuito financiero internacional, el desenlace revela hasta qué punto las “jugadas maestras” de Ostfield se transformaron, con el tiempo, en un búmeran diplomático que terminó reconfigurando el equilibrio de poder que él mismo intentó alterar.
