En primera persona
“En Venezuela vivimos en duelo y negación constante”

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La vida cotidiana marcada por la incertidumbre y contada por Evelyn, una docente venezolana que se encuentra en el país.
Conocí a Evelyn Rodríguez Moreira hace algunos años, asistiendo a uno de sus maravillosos cursos sobre el mundo funerario, una verdadera pasión que desarrolla a pleno y que muchos disfrutamos a través de sus clases y de sus redes sociales. Su mirada sensible, profunda y comprometida con la memoria y los rituales humanos deja huella en quienes la escuchan.
Evelyn es venezolana y se encuentra hoy en Venezuela. Desde allí, desde el interior mismo del país, su palabra adquiere un valor singular: no es una mirada a distancia ni un análisis externo, sino el testimonio directo de quien atraviesa la realidad cotidiana. A través de esta entrevista, su voz nos permite conocer qué está ocurriendo puertas adentro, cómo se vive el día a día y cuáles son las sensaciones que recorren a la sociedad venezolana tras la caída de Nicolás Maduro, en un escenario marcado por la incertidumbre.
Luciana Sabina: ¿Qué es lo que se informa a los venezolanos desde los medios oficiales? ¿Cómo se informa la gente hoy de lo que pasa, en general?
Evelyn Rodríguez Moreira:
En los medios oficiales, como ha pasado durante décadas, ellos han elegido no informar. No estar al lado de la verdadera libertad de expresión. Para estos tiempos, hablar de “imparcialidad” es elegir una posición clara y concisa a los que hoy se mantienen en un poder descontrolado. Claramente muchos de nosotros, para no decir la mayoría, no sabemos exactamente cuáles son las directrices en los medios de comunicación. Pues no es tu posición como comunicador, sino la de una institución y/o empresa que debe mantenerse en funcionamiento por cientos de familias —trabajadores— que necesitan laborar para mantenerse a flote en el país. Es complejo aseverar el 100 % su posición, pero por otro lado lo que se ve en muchas ocasiones no necesita anteojos, y ya la consulta a los medios nacionales no es una opción para la nación.
Para todo lo que hemos pasado, hemos optado por la monumentalidad de información que se maneja en las redes sociales. Tanto noticias confirmadas como las que no lo son. Debemos recurrir a un embudo de información para saber realmente qué es real y qué no lo es. Es titánica la labor que uno mismo ha tenido que aprender para saber en qué información confiar, a quién seguir y luego verificar. Ser pacientes y precavidos en lo que compartir o comentar. Porque no todos informan, no todos comunican y lamentablemente no todos mantienen la empatía de lo que una falsa noticia puede repercutir en una sociedad.
LS: ¿Qué sucede con los servicios, los trámites, la vida cotidiana?
ERM:
Por los momentos y las fechas, trámites legales regionales y nacionales siguen su curso. Es bien sabido que muchas instituciones, hasta en horas no laborales, dictaminan sentencias y demás —solo con la excepción de quien convenga—.
En cuanto a otros servicios en función, progresivamente se han activado. Nos hemos acostumbrado a ciertas fechas para dar comienzo al año y eso ha sucedido en crisis, recurrentemente. Es un modo operandi infalible, pero para estos tiempos pasa factura.
LS: Durante los primeros días desde el secuestro de Nicolás Maduro, ¿qué es lo más difícil?
ERM:
Desde el mes de noviembre de 2025 el transporte ha sido un caos —siempre ha sido así—. Por el alza constante de un “dólar controlado”, no ha sido un panorama que pueda beneficiar a los sectores involucrados. El pasaje lo exigen anclarlo a dólar y medio, donde no tenemos aumento de sueldo desde hace años y la inflación ha superado todas las barreras. Seguimos en aquel país dividido que muchos han escrito, entre lo que necesitamos y lo que realmente tenemos.
La expectativa nos acaba todos los días. Y que para el sector del transporte es oído sordo. Ni siquiera hacen un estudio de población; recurren al maltrato o vejación de muchos usuarios, donde el porcentaje de los mismos es tercera edad. Y siempre mantienen la excusa de “nosotros no tenemos recursos”. Es un disco que se repite y nadie soluciona absolutamente nada. Al día siguiente nos despertamos y, si están haciendo su trabajo bien; si no, toca desgastar el calzado para el traslado.
Es una realidad que vivimos fuertemente desde el 2018, que incidió inclusive en los altos índices de desnutrición en el país. Mala alimentación, más horas de caminatas, más largos trayectos, más altas temperaturas dan por resultado un caos absoluto.
En cuanto a la compra de cualquier producto, el sistema cambiario tampoco beneficia a todos los sectores. El poder adquisitivo es muy limitado. El sueldo básico no alcanza. Entonces recurrimos a lo que bien se nos da: hacer magia y juntar lo poco que se hace en el núcleo familiar. Al sumarlo todo, pues se calcula para lo que se pueda y alcance. Ahora, con lo sucedido, toda empresa, comercio, tienda… “no puede subir los precios”, pero es absurdo si nuestra moneda nacional está supeditada a una moneda extranjera y a un sistema que el mismo gobierno antiimperialista controla a su conveniencia.
La sociedad no ha aprendido en lo absoluto que, a pesar de los tres o cuatro trabajos que podamos tener, no alcanzará ante las necesidades o quereres de cada núcleo familiar si no se controla tal sistema cambiario y el alto índice de inflación.
El dinero se vuelve sal y agua —cada quincena—, si es que a lo que nos llega a nuestras cuentas bancarias se le pudiese llamar así. Ni hablar de aquellos que solo dependen de los “bonos” que este gobierno cree que es la mejor invención del siglo. Donde la administración pública, que solo trabaja a conveniencia, gana más de 100 dólares al mes. El propio cáncer de la nación. Y a los que realmente necesitan, la respuesta es la indolencia absoluta.
LS: ¿Cómo es ahora un día común?
ERM:
En un estado de alerta, con sus altos y bajos. La resiliencia ha traspasado los niveles.
Todas las mañanas, la revisión del panorama de la nación contado por otros. Recurrir a los ánimos familiares para no decaer. Aferrarse a la fe silenciosa y a veces egoísta —porque cada quien lleva su procesión, como se dice—; y hacer revisión de actividades laborales, cumplirlas a cabalidad. Dar lo mejor de uno mismo hacia los otros y esperar lo mejor de ello.
Si fuese un santo sacramento, créanme que no estaríamos en estas condiciones. Pero aquí pocos piensan en los demás, sino en sí mismos —no está mal—, ¿pero cómo se construye un país de esta manera? Desagradándonos cada vez que salimos a la calle a nuestra habitualidad, sin hacer responsables a los que dicen “dirigir”.
LS: La situación es estresante. ¿Cómo está el ánimo de la gente en la calle?
ERM:
Vivimos en duelo; silentes, en negación casi constante y, en algunos sectores, con altos índices de resignación —muy peligroso, por cierto—. Pero, como siempre hemos sabido, el tiempo no se detiene y para muchas familias “hay que buscar para comer”.
Ante lo sucedido recientemente, a pesar de que todo fue avisado, controlado y hasta estratégico, no podemos hablar de ello. No hay expresión “libre” porque existe una fatal consecuencia. Realmente es peligroso limitar las emociones a tal punto de llegar a poder anularlas. Por eso no se extrañen que nos vean en procesiones, en compartir improvisados, en abrazos extendidos, en múltiples videollamadas. El mundo debe entender que no nos queda de otra, que son sentimientos disimulados para que no desaparezcamos de esta existencia. Porque aquí es un error pensar en uno como unidad; siempre pensamos en uno como colectivo, como familia.
La factura siempre se paga con la familia. Y lo inerte de la vida se ha vuelto lo más seguro para continuar en Venezuela.
LS: ¿Cómo impacta la crisis en los precios y en el acceso a lo básico?
ERM:
A conveniencia de quien tiene, controla y cree que con poco se vuelve millonario. Cada vez que sales a comprar cualquier producto son 100, 200, 2000 bolívares más de lo que el día anterior costaba. Todos dicen que volvimos al 2017–2018, con interminables colas para el acceso a ciertos productos, al desabastecimiento… pero si aquellos que no tienen memoria, hay que recordarles: aquellos que iniciaron todo ese proceso tienen posición política muy clara, instrucciones precisas y el “bono” asegurado.
Si toda la población vuelve a caer en el círculo vicioso, en la mentalidad empobrecida, entonces el mundo tendrá la razón: la ciudadanía venezolana tiene lo que tanto profesa.
