Batalla cultural
Goats on fire: Elon Musk y Marcos Galperin juntos contra el NY Times

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Llaman a borrarse del histórico medio por legitimar el abuso. Las consecuencias de la filtración de los Epstein files.
Jeffrey Epstein y su oculto rebaño generan hoy la vergüenza global que nadie quiso contar durante años: el desastre de la élite internacional y sus rituales, asesinatos y sueños orgiásticos avalados y consumados por empresarios y presidentes quedan desnudos ahora con un simple retuit.
La línea editorial de los medios en el mundo, la cobertura del demócrata y progresista diario NY Times y una cruzada por evitar la proliferación de la cultura woke en dos goats indiscutibles: Marcos Galperín y Elon Musk, dos empresarios que en su país cambiaron la historia del trabajo en los últimos años. Muerto Epstein, el mundo se divide entre el lado Galperín not woke y la postura de los medios tradicionales que colisiona de lleno con el magnate sudafricano y dueño de X.
La polémica estalló en redes sociales y volvió a poner en el centro del debate el rol de los medios tradicionales frente a temas extremadamente sensibles. Los empresarios se reunieron en la condena al New York Times tras la viralización de una vieja columna de opinión titulada “Pedophilia: A Disorder, Not a Crime”, publicada en 2014. Relativizar es legitimar, más en estos temas.
El detonante fue la circulación de una captura del artículo firmado por Margo Kaplan y publicado el 5 de octubre de 2014 en la sección de opinión del diario. En ese contexto, Musk escribió en su cuenta de X: “The New York Times is absolutely disgusting” (El New York Times es absolutamente repugnante). Por su parte, Galperin fue aún más directo: “Si aún no cancelaste tu suscripción al NYT esto debería ser el empujoncito final que necesitabas”, citando el tuit que incluía la imagen del artículo.
Ambos mensajes fueron interpretados como una condena al diario por lo que consideran una postura indulgente o justificatoria respecto de la pedofilia. Ahora bien, ¿qué decía exactamente aquella columna de 2014 y cuál era su enfoque?
La autora, profesora de Derecho en Rutgers University, abordaba una distinción conceptual entre “pedofilia” como trastorno psicológico —es decir, una atracción sexual persistente hacia menores— y el abuso sexual infantil como delito penal. El argumento central sostenía que no toda persona que experimenta esa atracción necesariamente comete un crimen, y que desde una perspectiva jurídica y clínica sería importante diferenciar entre la condición y el acto. La columna planteaba que la criminalización debía centrarse en las conductas y no en los pensamientos o impulsos no materializados.
Sin embargo, el simple planteo de esa distinción resulta aberrante, pero es esencialmente ilegal. La crítica no se dirige solo al contenido académico, sino al espacio editorial otorgado por un medio de referencia global. En un contexto donde las sociedades luchan por fortalecer los sistemas de protección de la infancia y endurecer las penas contra abusadores, cualquier discurso que parezca relativizar el fenómeno es peligroso y debe generar rechazo inmediato.
Es importante subrayar que la pedofilia no es solo un “debate conceptual”: el abuso sexual infantil constituye un delito gravísimo en prácticamente todos los sistemas jurídicos del mundo y una violación directa de los derechos humanos de niños. Las víctimas suelen padecer secuelas psicológicas profundas, traumas duraderos y daños irreparables.
El artículo del Times no defendía el abuso ni promovía su legalización, pero sí proponía un enfoque diferenciado entre condición y conducta, un primer paso para su justificación. La puerta a una normalización discursiva de una problemática que requiere condena inequívoca y firme.
La reacción de ambos empresarios también refleja un fenómeno más amplio: la creciente desconfianza hacia los grandes medios tradicionales. Musk, propietario de la red social X, ha mantenido enfrentamientos reiterados con The New York Times y otros medios por cuestiones de cobertura, sesgo editorial y políticas de verificación.
En este caso, la polémica revive una discusión que combina ética periodística, libertad de expresión y límites del debate académico. ¿Debe un medio publicar opiniones que exploran zonas grises en temas sensibles? ¿Existe una responsabilidad adicional cuando se trata de asuntos que afectan a menores? ¿Dónde termina el análisis jurídico y comienza el riesgo de relativización moral?
Lo cierto es que la indignación expresada por Musk y Galperin sintoniza con una sensibilidad social muy marcada: la defensa irrestricta de la infancia y el rechazo frontal a cualquier forma de justificación del abuso.
La controversia demuestra que, más allá de matices académicos, gran parte de la sociedad mantiene una línea roja clara cuando se trata de la protección de la infancia. Y en ese terreno, la tolerancia pública es prácticamente nula frente a cualquier discurso que pueda interpretarse como indulgente o ambiguo.
INFORME CON LUCIANA SABINA @kalipolis
