EL Papa llega, Milei insulta y la oposición se empieza a ordenar

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La Iglesia pide fin de grieta. La imagen negativa de Massa y Bullrich lanzada. Enojo de Kicillof y Zamora construye.
Para el Vaticano pero sobre todo para la Iglesia argentina, Javier Milei y sus principales referentes cultivan un estilo violento, aumentan la grieta y hay una crisis de valores y sensibilidad en el país donde nació Francisco. El gobierno libertario va a ver a León IXV ir al Cottolengo Don Orione para ver qué pasa cuando el Estado se retira y recorta fondos, en el Gobierno trinan y la oposición olfatea el cambio de época que vienen buscando sin éxito hace tres años. Saltó la taba, Milei ordena insultando a todos los sectores, y el candidato anti grieta se prepara con apoyo De la Iglesia, de EEUU, el círculo rojo y un perfil liberal.
Sergio Massa lo dice muy en privado, cuando no lo escucha ni Malena; no puede ser candidato a Presidente el año que viene por que su imagen negativa desemboca en una derrota en balotaje sin margen de error. Otra vez. Una tercera derrota presidencial lo alejaría del sueño y lo pondría en un lugar de funcionalidad evidente a la reelección de Javier Milei. El Gobierno no tiene sparring, Axel Kicillof no tiene anclaje nacional ni estructura partidaria, Cristina Kirchner trabaja para disolver sus sueños de poder heredado y quiere que no sea candidato. El caos es total, y el círculo rojo, la Iglesia, la propia CFK y los gremios empiezan a ordenarse detrás del senador Gerardo Zamora, hombre liberal y silencioso, de origen radical y alineado con los actores que generan presidentes.
“Es Milei con equilibrio mental y fiscal”, dicen entre risas en Casa Rosada los que ven en Zamora un posible problema, porque se le escucha en privado un discurso de fin de grieta con equilibrio fiscal y provida, distante de la agenda woke que tanto desprecian los libertarios. Zamora se construye como contra cara de la anti política de Milei y su estridencia que tiene hoy la catilinaria contra el periodismo, pero que antes fue el Peronismo, el Papa Francisco o el feminismo. “El insulto como política de Estado está acabado, no hay espacio para más odio, viene el encuentro y el final de la grieta”. La frase la recibió un empresario que vio a Zamora días atrás. El hombre se llevó un concepto claro de la reunión: Zamora cultivo cuarenta años cercanía al círculo rojo, EEUU, la Iglesia y distintos actores de poder.
El tablero político nacional vive un punto de saturación. La crisis de liderazgo es total, en Gobierno y oposición. Javier Milei vio con enojo la independencia de Patricia Bullrich para llevarle la contra abiertamente al Gobierno sin eufemismos los últimos diez días, y lo hizo con lo que más duele: la libertad de expresión. Un Presidente libertario vio como su espada del Senado le dijo en la cara que son autoritarios con la prensa. Karina Milei quiere callarla y mandó a apagar todas las apariciones de Bullrich. Bullrich armó equipos para ser candidata a Presidente y va a tensar hasta que aclare, pero en su entorno dicen que pierde sí o sí contra Milei.
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El verdugo de Milei no tiene cara todavía, los factores se ordenan en silencio y se mira en silencio el error del enemigo libertario. Las encuestas en Casa Rosada prendieron todas las luces de alarma porque el pesimismo va en ascenso y los datos duros de diversos encuestadores coinciden en un dato letal: no hay esperanza en Milei y su plan económico, hoy perderían un balotaje contra cualquier candidato que no sea Massa o Kicillof, los dos con alta negativa y pesada herencia.
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La sumatoria de las últimas encuestas de opinión pública confirma una tendencia irreversible: el presidente Javier Milei perforó su piso histórico de imagen negativa, registra niveles de rechazo social que tornan inviable su reelección y cae derrotado en cualquier hipótesis de balotaje. En paralelo, el electorado espantado del PRO —aquella clase media moderada que apostó al cambio institucional y hoy se encuentra a la intemperie— no tiene adónde ir. No quieren saber nada con Milei, pero creen que Argentina no vuelve al populismo y que el equilibrio fiscal, la calidad institucional y el alineamiento con EEUU no se negocia.
En ese vacío de representación, la oposición enfrenta sus propios límites. Massa arrastra el costo indeleble de una imagen negativa récord por la inflación y los desequilibrios que dejó en diciembre de 2023, con treinta tipos de cambios y un raid de denuncias que lo obligan a entender que ésta no es su elección. Axel Kicillof, por su parte, exhibe un discurso endogámico que no prende, no tiene respaldo de la “liga de gobernadores”, no lo reconocen como primus inter pares, no tiene el aval de Massa, sufre el desprecio de CFK y lidia a diario con una provincia prendida fuego en materia fiscal, social y de seguridad urbana. “Sigue siendo un chico pendenciero, sin carácter para ser Presidente”, dice un gobernador sobre las diatribas y la mirada sectaria de Kicillof.
Frente a este callejón sin salida, en el Peronismo y en el centro político empezó a configurarse un consenso subterráneo.Un acuerdo off the record atraviesa las principales terminales de poder: Cristina Fernández de Kirchner ya aceptó que Gerardo Zamora sea el candidato de la unidad opositora, pero bajo una condición táctica estricta: prescindir de su bendición pública para evitar el efecto "salvavidas de plomo" que su propio techo de rechazo electoral generaría sobre la boleta. Jaime Durán Barba dice en privado que CFK hoy mide 13% y que el “kirchnerismo” como marca amplia no supera el 22%. Es decir, cerrarse a Massa o Kicillof es garantizar la continuidad libertaria.
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Zamora se mueve sin ser candidato, sin decir que es candidato, pero haciendo los que terminan siendo candidatos. Reúne, escucha, explica, evita discusiones y teje sin pausa. Empieza de a poco a contar lo que en el país muy pocos saben: datos económicos De Santiago del Estero con pleno empleo, menos empleados públicos que Jorge Macri, baja de la pobreza sostenida y disciplina fiscal 22 años con casi nulo endeudamiento. De paso la sexta exportadora del país y de exportación manofacturera de origen agropecuario. El desafío es plasmar esos números en una campaña sin grieta y efectiva en el corto plazo.
La instalación de Zamora no es fruto de la casualidad, sino de un despliegue metódico que en las últimas semanas se precipitó, logrando alternar entre el Homenaje a José Manuel de la Sota junto a su hija Candelaria (otro cuadro político en ascenso con carisma, juventud y apellido ganador), cena con las 62 organizaciones, recepción en el Centro Ana Frank y la Embajada de Uruguay, encuentro radical para homenajear a Leopoldo Moreau, respaldo de sectores universitarios, y cenas privadas con intendentes que requieren su candidatura casi como un seguro de caución para evitar derrotas distritales.
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El mundo gremial ya dio el primer paso. Secretarios generales y federaciones de peso empezaron a convencerse de que Zamora no sólo garantiza previsibilidad en la mesa de negociación, sino que es la única opción competitiva capaz de sentar en la misma mesa a todas las tribus sindicales.
Zamora ahora tiene un desafío colosal: lo conocen entre dos y tres cada diez en Argentina. Su gestión es poco conocida y su mirada sobre la IA, el Estado y el final de grieta no se sabe masivamente. Empieza el “Camino de Gerardo”.
