Industria vitivinícola
El vino argentino pide ayuda (y casi nadie lo está escuchando)

:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/diego_vinos.jpeg)
Bodegas que bajan ventas, consumidores que ajustan gastos y un mercado que se abre al mundo. La ecuación no cierra y la industria lo empieza a sentir.
Sí, ya lo sabemos: no son tiempos fáciles. En general, para nadie. Y en particular, para los que intentamos sobrevivir en la industria del vino, el momento está lejos de ser el ideal. No hace falta ponerse solemnes ni repetir el discurso de siempre. Simplemente seguimos haciendo lo que sabemos hacer: laburar, acercar el vino a la gente de manera honesta, sin vueltas. Que no es poco. Y que, si querés, en otro momento podemos profundizar, porque también hay bastante para decir ahí.
Desde el lugar que nos toca, hay algo que no cambia: seguimos apostando —siempre— por una copa de vino argentino en la mesa. En la mesa de gente con ganas de entender, de disfrutar, de compartir. Porque esta industria, la del vino y también la del aceite de oliva, es una de las cosas más lindas que tenemos. Y vale la pena defenderla.
Me acuerdo cuando estudiaba Sommellerie, allá por 2014 y después en 2017. En la materia de “Viejo Mundo” (ponele Europa), nos llenábamos de teoría: regiones, productores, historia, técnicas… todo. Pero después, a la hora de probar, había muy poco. No llegaban las botellas. La oferta era mínima comparada con lo que hay hoy. No es un reproche, es lo que tocaba en ese momento. Pero cualquiera que haya estudiado o se haya metido en este mundo sabe que sin práctica, no hay aprendizaje real. Es como estudiar electricidad y no armar un tablero, o enfermería sin tocar una aguja. No funciona.
Y hoy, en este contexto bastante complicado, aparece con fuerza la apertura a vinos importados. A mí, como apasionado del vino, me encanta. Suma, abre la cabeza, aporta. Ahora bien: eso está buenísimo sí nuestros vinos siguen siendo los verdaderos protagonistas. Y cuando digo “nuestros vinos”, hablo de toda la industria. Desde el productor chiquito que labura en silencio hasta la gran bodega. Todos, todos, todos.
Porque la realidad es clara: el consumo interno está cayendo fuerte. Sin vueltas. Se vende menos, rota menos. Y eso pega en todos lados. En paralelo, sacamos los mejores puntajes en algunas botellas que sirven para seguir haciendo ruido y pregonando al vino como marca país.
También es cierto, y hay que decirlo, que durante mucho tiempo hubo cosas que no ayudaron. Listas de precios que subían semana a semana, aumentos del 10% o 15% como si nada… una locura. Hoy muchos piden que les compres vino. Y está perfecto, todos queremos que se venda. Pero también hay que entender al consumidor: hay gente que quiere, pero no puede. Cambiaron las prioridades. Cambió el contexto. Cambiaron los hábitos. Y sí, también cambió la cabeza: vida más saludable, menos consumo, otras elecciones. Es parte del juego. Nos guste o no.
Entonces, ¿Qué hacemos con los vinos importados? Disfrutarlos, claro que sí. Pero sin perder el foco. Antes de mirar tanto para afuera, miremos lo que tenemos acá. Porque en Argentina hay una cantidad absurda de etiquetas, estilos, regiones y proyectos que no te terminás nunca de conocer. De precios para todos los bolsillos, de propuestas para todos los gustos. Hay muchísimo por descubrir. Créanme lo que les digo. Opciones hay.
La invitación es simple: conozcamos lo nuestro primero. Entendámoslo, aunque cueste. Disfrutémoslo de verdad. Porque hay miles de productores haciendo vinos y aceites de oliva increíbles a lo largo de todo el país. Laburando todos los días para sostener esto.
Y para cerrar, desde este rincón que es Curda de Noé, los invito a que nos escriban, que nos cuenten qué están tomando, qué les gusta, qué no. Y si están en esa de “quiero pero no puedo”, también. Siempre le vamos a encontrar una vuelta para que una botella de vino argentino llegue a tu mesa.
Porque costó mucho llegar hasta acá como para hacer cualquiera ahora. El vino es cultura, es laburo, es familia. Es encuentro, es música, es disfrute. El vino une.
¡Arriba el vino argentino!
¡Chin Chin!
