Doble vara
El progre: siempre indignado, nunca informado

Ingeniero de Software y escritor
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Cuando la moral exige esfuerzo diario y la realidad se convierte en un estorbo persistente.
¿Estás agotado de ser progre? Tranquilo, no estás solo. Ser progre en 2026 es más estresante que tratar de explicar el reguetón feminista sin caer en contradicciones. Ya no alcanza con tener la superioridad moral; ahora también hay que hacer malabares con la realidad para que no se te desmorone el castillo de indignación en el que vivís.
Porque ser progre no es un estilo de vida: es un deporte extremo. Y como todo deporte extremo, viene con su buena dosis de riesgo, adrenalina y una tonelada de negación selectiva. Es que, para mantenerse en ese éxtasis permanente de indignación ética y estética, hay que hacer un esfuerzo diario —casi olímpico— por ignorar montañas de datos, hechos, videos, declaraciones y cualquier cosa que pueda poner en jaque el relato.
Así que, si estás sintiendo que tu progresismo se está desgastando más rápido que el rímel en una marcha bajo la lluvia, no te preocupes. Acá te traigo una lista práctica —y dolorosamente real— de todas las cosas que tenés que ignorar para seguir siendo un progre de pura cepa sin que te explote la contradicción en la cara.
1. ICE: solo malo cuando lo hace el otro
Indignarse con los arrestos del ICE durante el gobierno de Trump es el ABC del progresismo moderno. Pero cuidado: no se te ocurra googlear las estadísticas durante los gobiernos de Obama o Biden, porque ahí sí te agarra una crisis de identidad.
Spoiler: Obama no fue “el presidente de la esperanza”, fue el deportador en jefe. Pero shhh, eso no se dice.
Y si Biden se despacha con cifras de deportaciones récord, simplemente cambiamos el término: ya no es “racismo institucional”, ahora es “gestión humanitaria migratoria con enfoque de derechos”. Y listo, seguimos marchando.
2. Venezuela: la dictadura buena
¿Te molestó que capturaran a Maduro en una operación sorpresa? ¿Te pareció “una jugada imperialista”? Bueno, ignorá por completo que en Caracas se largaron a festejar como si Argentina hubiese ganado el Mundial.
Gente llorando en la calle, presos del Helicoide abrazándose con las esposas puestas... Pero claro, ellos no entienden nada, pobrecitos. Seguro están confundidos.
Lo importante es mantener el discurso: Maduro es víctima del imperialismo y los venezolanos felices son cómplices del neoliberalismo. Ah, y no olvides acusar a la CIA, aunque no sepas bien de qué.
3. Israel vs. Palestina: blanco o negro, sin grises
Todo progre que se respete debe tener en su biografía de Instagram un hashtag de “Free Palestine”, una kefiya mal puesta y una condena automática a Israel. ¿Que Hamas masacró civiles? Bueno, eso fue “una reacción”, “un contexto”, “una respuesta a años de opresión”.
Ignorá los videos, los testimonios, las decapitaciones, los rehenes. Todo eso es propaganda. Lo que importa es mantener la narrativa de que hay un solo villano en esta película y, si se puede, añadir la palabra “genocidio” en cada oración, aunque no sepas definirla.
4. Feminismo selectivo: depende quién lo haga
Si un político de derecha dice una barbaridad machista, ¡indignación nacional! Marchas, hashtags, cancelaciones. Pero si un presidente afín hace comentarios misóginos o tiene varias denuncias de acoso... bueno, ahí hay que separar la vida privada de la pública, ¿no?
¿Y si la víctima es mujer pero no se alinea con el relato? Entonces no cuenta. Punto.
Porque, como bien sabemos, el patriarcado solo existe cuando gobiernan otros.
5. Censura buena vs. censura mala
Cuando Elon Musk compra Twitter y elimina cuentas por desinformación, es censura fascista. Pero cuando el Ministerio de la Verdad versión 3.0 borra publicaciones “para proteger la democracia”, es regulación responsable.
Acá el truco es simple: la censura es mala solo si no la estamos aplicando nosotros.
6. Justicia: depende a quién le caiga
¿Un político opositor es imputado por corrupción? ¡Un triunfo del Estado de derecho!
¿Un expresidente afín es procesado? “Lawfare”, “persecución judicial”, “golpe blando”.
No importa la evidencia. No importa el juicio. Lo importante es saber quién es el acusado. Si está en la lista de los buenos, es inocente incluso con pruebas en video.
La justicia es justa cuando conviene. Si no, es un brazo del poder económico concentrado.
7. Los pobres: útiles mientras voten bien
No hay progre completo sin una buena dosis de romanticismo con “el pueblo”. Pero ¡ay! si ese pueblo vota mal, como en cualquier elección en la que gana la derecha.
Ahí, mágicamente, dejan de ser sujetos políticos y pasan a ser “ignorantes manipulados por los medios”.
Traducido: “pobres sí, pero obedientes”.
Conclusión: ser progre hoy es extenuante
Mantener la indignación constante en un mundo cada vez más complejo y contradictorio es una tarea agotadora. Requiere práctica, concentración y una habilidad casi ninja para ignorar los hechos inconvenientes.
Y lo más importante: una memoria selectiva más afilada que la lengua de un panelista de chimentos.
Así que si estás cansado, confundido, frustrado o a punto de tirar la toalla… ¡bienvenido! Es parte del camino.
Ser progre hoy no es fácil. Pero mientras tengas un buen filtro ideológico, algo de creatividad para renombrar las cosas y la capacidad de hacer malabares con la doble vara, todavía podés mantenerte en pie… aunque no sepas muy bien por qué.
