Día cero de discriminación.
El lado B de las infecciones de transmisión sexual: lo que las cifras no cuentan

Médica infectologa. Investigadora. MN: 123.930
:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/its.png)
Los casos de sífilis se duplicaron en 2026. Factores sociales y la necesidad de explicar para prevenir enfermedades.
Según el Boletín Epidemiológico Nacional N° 790, durante 2025 se confirmaron en Argentina 46.613 casos de sífilis en la población general, lo que representó un aumento del 71% en comparación con el período 2020-2024.
Los primeros datos de 2026 indican que la tendencia no se ha revertido: entre el 4 y el 10 de enero se confirmaron 1.092 casos, un incremento del 109% respecto a la mediana histórica para esa misma semana.
Las cifras son contundentes. Sin embargo, el aumento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) no puede explicarse únicamente por falta de información o por decisiones individuales aisladas. Para comprender lo que está ocurriendo es necesario ampliar la mirada e incorporar dimensiones de la sexualidad que siguen quedando fuera del análisis sanitario.
Más allá del “riesgo”: cuando la estadística borra el contexto
En el campo de las ITS, el concepto de “riesgo” refiere a la probabilidad de adquirir o transmitir una infección según determinadas prácticas. Es una categoría útil para medir y comparar.
El problema aparece cuando se utiliza de manera aislada y simplifica realidades complejas. Hablar de “conducta de riesgo” puede sonar técnico y objetivo, pero con frecuencia invisibiliza el contexto en el que esa práctica ocurrió:
- Desigualdades sociales
- Dificultades para negociar el cuidado
- Consumo de sustancias
- Situaciones de vulnerabilidad
Este enfoque tiende a concentrar la responsabilidad únicamente en la persona, dejando en segundo plano el acceso real a herramientas de prevención, el acompañamiento profesional y el rol del sistema de salud.
En el abordaje de las ITS, el riesgo nunca es sólo biológico. Para comprenderlo de manera integral, es necesario considerar el entorno en el que las personas viven su sexualidad.
El problema no es el deseo
El deseo no desaparece porque exista riesgo. La búsqueda de placer, intimidad o conexión forma parte de la experiencia humana.
El desafío no es eliminar el deseo, sino acompañarlo con herramientas de cuidado. Cuando la prevención se basa únicamente en el miedo o la advertencia, pierde eficacia.
La experiencia acumulada en salud pública muestra que negar o intentar disciplinar la sexualidad no reduce la incidencia de ITS. En cambio, integrar estas dimensiones en el trabajo cotidiano de los equipos de salud permite diseñar estrategias más realistas y sostenibles.
Sexualidad, consumo y salud mental
El consumo de sustancias, ya sea recreativo o problemático, forma parte de algunas dinámicas sexuales. Estas prácticas suelen estar atravesadas por contextos de soledad, angustia, estrés o necesidad de desinhibición.
Sin embargo, estos temas continúan siendo difíciles de abordar, tanto para quienes consultan como para quienes atienden. Muchas veces se trata la infección, pero no se conversa sobre el contexto en el que ésta ocurre.
Sin espacios de diálogo abiertos y sin juicio, resulta complejo construir estrategias de cuidado que sean efectivas en el tiempo.
La medicina incómoda: el silencio que perpetúa el riesgo
El problema no es únicamente cultural, también es profesional. La formación médica tiende a centrarse en lo biológico, dejando en segundo plano las dimensiones sociales y culturales de la sexualidad.
Persiste el temor de que hablar de deseo o consumo implique validación. Sin embargo, la evidencia indica que la información clara y los espacios de escucha mejoran los resultados en salud pública. El silencio, en cambio, perpetúa el riesgo.
Existe además una moral implícita que atraviesa tanto al sistema sanitario como a la sociedad. No siempre se expresa en palabras, pero aparece en lo que no se pregunta y en los temas que se evitan.
Una mirada más amplia
Revertir el aumento de las ITS en Argentina requiere un abordaje que combine información, acceso efectivo a métodos de prevención, escucha y comprensión.
No se trata de pedir que las personas deseen menos, sino de generar condiciones para que puedan cuidarse mejor.
Mientras la prevención se limite exclusivamente a lo biológico y deje fuera las realidades concretas en las que las personas viven su sexualidad, las estrategias seguirán siendo incompletas. Diagnosticar y tratar es indispensable, pero no suficiente.
Ampliar la mirada es parte de la respuesta.
