Sistema Electoral Argentino
Boleta Única: el instrumento que equilibra la cancha

Referente en políticas públicas y desarrollo local
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La Boleta Única de Papel se aplicará en las legislativas 2025 modernizando un sistema electoral que no cambia desde 1912.
El sistema electoral no es un detalle técnico: es el corazón de la vida democrática. La forma en que votamos define cómo se canaliza la voluntad popular y cómo se garantiza la igualdad de condiciones para todos los actores políticos. El 1 de octubre de 2024, la Cámara de Diputados sancionó la Ley 27.781, que reformó el Código Electoral Nacional e incorporó la Boleta Única de Papel (BUP) como nuevo instrumento de votación. Esta modalidad se aplicará por primera vez en las elecciones legislativas de 2025 y representa una modernización trascendente dentro de nuestro sistema institucional.
A lo largo de las últimas décadas, la Argentina fue introduciendo reformas significativas en su sistema electoral: se modernizaron las urnas, se sancionaron nuevas leyes de partidos políticos y de financiamiento, se innovó en la transmisión de resultados y en la forma de procesar los datos. Sin embargo, pese a todas esas reformas, el instrumento de votación seguía siendo el mismo durante décadas. La boleta partidaria múltiple atravesó más de un siglo sin modificaciones sustanciales. En este sentido, la incorporación de la boleta única de papel no es solo una innovación más dentro del andamiaje electoral: es la primera modernización real del mecanismo de votación en más de cien años, y por eso constituye un cambio de enorme trascendencia institucional.
Más de un siglo con el mismo sistema
Hasta ahora, la Argentina había mantenido inalterado su instrumento de votación desde la Ley Sáenz Peña de 1912. Cada partido debía imprimir y distribuir sus propias boletas, un modelo que terminó generando altos costos y desigualdades. La llegada de la boleta única rompe con esa tradición centenaria y marca un cambio histórico: el país deja atrás un esquema obsoleto para avanzar hacia un mecanismo más moderno, equitativo y transparente.
La BUP consiste en una única boleta de papel que reúne, en una sola papeleta, a todos los candidatos, categorías de cargos y partidos políticos que participan en la elección. Con este diseño, el elector puede visualizar de manera clara la totalidad de la oferta electoral y marcar su preferencia en un mismo documento, simplificando y transparentando el proceso.
La gran virtud de la boleta única es que pone a todos los partidos en pie de igualdad. Desde los más grandes hasta los más pequeños, todos aparecen en la misma boleta, con la misma visibilidad y sin depender de su capacidad logística o económica para imprimir y distribuir y estar presentes el día de la elección, cuidando sus boletas. Esto significa que ningún ciudadano se queda sin la posibilidad de votar a su candidato preferido: ya no hay riesgo de que “falte la boleta” en el cuarto oscuro ni que el acceso al voto dependa de maquinarias partidarias.
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Un modelo global y regional
Argentina no está inventando nada exótico. Al contrario: con la boleta única nos estamos poniendo en sintonía con lo que ya hace la mayoría de América Latina. Solo Uruguay mantiene otro esquema, mientras que países como Chile, Brasil, Colombia, Paraguay o Perú utilizan boleta única en distintas modalidades. Incluso a nivel local, Córdoba y Santa Fe fueron pioneras en aplicarla, mientras que la Ciudad de Buenos Aires, Salta y Neuquén ya avanzaron con versiones electrónicas. Más recientemente, San Luis se sumó con la boleta única de papel, Entre Ríos ya la tiene aprobada para la próxima elección, y Chubut la aplicará próximamente. Es decir: es una tendencia extendida, probada y validada que ahora se consolida a nivel nacional.
El contraste con el modelo tradicional
El sistema argentino se ha sostenido sobre la lógica de imprimir millones de boletas partidarias, que luego debían distribuirse y reponerse en cada mesa de votación. Para que se den una idea, la cantidad de plata que el Estado debía desembolsar se medía por el valor de la boleta multiplicado por un padrón y medio, multiplicado por la cantidad de listas que presentaba una alianza o un partido en una Elección PASO.
Además, el sistema abría la puerta a prácticas que erosionaban la confianza ciudadana: el robo o desaparición de boletas en el cuarto oscuro, las dificultades para encontrar la opción deseada y la posibilidad de fraude por manipulación en la provisión. En ese contexto, los partidos con menos estructura sufrían una clara desventaja: no solo debían garantizar fiscales en cada mesa para reponer boletas, sino que corrían el riesgo de que su oferta electoral directamente no estuviera disponible para el votante.
Con la boleta única, en cambio, todo este entramado se elimina. Cada elector recibe un único instrumento, con todas las opciones en igualdad de condiciones. Esto no solo simplifica la logística y reduce costos, sino que cierra la puerta a prácticas poco transparentes que durante años afectaron la calidad del proceso electoral en la Argentina.
Los fiscales siguen siendo necesarios para controlar la identidad de los votantes (todos sabemos que en Argentina votan hasta los muertos cuando es necesario), estar atentos a las picardías de las autoridades de mesas cuando son afiliados partidarios, y muchas otras tretas y mañas más que, quienes fiscalizamos sobre todo en el conurbano bonaerense, ya estamos afilados para salir a cortar la jugarreta. Ni hablar cuando son las 11 de la noche, están todos agotados después de la larga jornada, y hay que completar los casilleros de los tan poco amigables certificados de escrutinio. Con la BUP no se termina todo ese circo, pero sí se terminan los baúles de autos repletos de “ladrillos” de boletas, que, según el municipio, o te quedabas corto, o te sobraban como para hacer miles de anotadores por los próximos 2 años.
Ventajas concretas: transparencia, ahorro y participación genuina
La boleta única ofrece beneficios tangibles:
- Transparencia en el uso de recursos públicos: se imprime una sola boleta por elector (más un 5% extra de boletas por cualquier necesidad que pudiera surgir en la mesa) lo que elimina el gasto millonario en aportes de boletas partidarias y reduce el margen de discrecionalidad.
- Ahorro de papel y mayor sustentabilidad: se simplifica el proceso y se reducen toneladas de material innecesario.
- Participación política más genuina: al eliminarse el incentivo económico del aporte por boleta, disminuye la proliferación de partidos que solo competían por financiamiento. El resultado es un sistema más serio, con menos listas testimoniales y más proyectos con verdadera vocación de representar. Les comparto otra referencia: en las PASO del 2023 se presentaron más de 700 listas. Multipliquen las listas por un padrón y medio, por el valor de la boleta, en todo el país, hablamos de un ahorro de más de 30 millones de boletas que no serán impresas.
- Accesibilidad y simplicidad para el votante: pese a los temores iniciales de boletas larguísimas, la experiencia mostró lo contrario, las boletas resultaron manejables, incluso en jurisdicciones con gran cantidad de categorías. Esto facilita la lectura y reduce errores. En breve tendremos la gran prueba de fuego a nivel nacional.
- Menos fragmentación, más calidad democrática: en la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, en las PASO de 2023 se presentaron 43 listas. Hoy, en cambio, apenas 17. Esa reducción no significa menos ideas ni menos pluralidad, sino un sinceramiento del sistema político: participan quienes realmente tienen vocación y expectativa de competir, no quienes entran al proceso solo para cobrar un aporte. Esto mejora la representatividad, evita la dispersión artificial del voto y refuerza la confianza ciudadana en las instituciones.
La boleta única no es un triunfo de un gobierno ni de un partido. Es una victoria institucional, que moderniza el sistema electoral argentino y lo acerca a estándares internacionales de transparencia, equidad y eficiencia. Al garantizar que cada voto valga lo mismo, sin depender de maquinarias, y que cada ciudadano pueda acceder con claridad a la oferta política, se fortalece lo esencial: la confianza en la democracia y en la república.
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