Saber beber es cultura
El cuerpo lo agradece y el vino también

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El agua no compite con el vino, lo acompaña y ordena la experiencia.
Siempre me llamó la atención una escena bastante común y que se repite en la mayoría de las mesas y degustaciones: la copa llena, mucha charla y el agua intacta. Como si tomar agua mientras se toma vino fuera una especie de traición al disfrute. Un gesto de debilidad.
Nada más lejos, esto me pasa y nos pasa a casi todos, y negarlo sería muy sonso de nuestra parte.
El vino es placer, obvio que sí. Pero también contiene alcohol. Y el alcohol deshidrata. No es ideología, es física. Cuando el cuerpo se queda sin agua, el disfrute se achica y el reloj empieza a correr, el cansancio aparece antes y la noche empieza a perder su encanto.
¿Cuántas veces apareció la frase “tendría que haber tomado más agua”? Generalmente, y casi siempre después y no a tiempo.
El agua, sobre todo la mineral, no arruina la experiencia. La ordena. Limpia el paladar, baja un cambio cuando hace falta y permite que cada copa se sienta como la primera. No tapa sabores y nos ordena.
Por suerte en algunos restaurantes que tienen muy presente el servicio, sean mozos o Sommeliers, hacen que el agua, de alguna forma, siempre llegue a la mesa. No como algo más sino como parte de la experiencia. Sin agua la cosa se pone más áspera y no termina siendo una buena noche. El alcohol, deshidrata, acelera la pérdida de líquidos, hace que al día siguiente el cuerpo nos pase factura. Ojo, para nada este es un mensaje para demonizar el vino. Es para seguir entendiéndolo. El vino nos genera mucho placer, pero el agua mantiene ese equilibrio. Y me hago cargo y soy más partidario de comunicar un consumo medido y responsable, especialmente de vino, que de repetir el discurso de la “vida saludable”. Esa saraza que se escucha todos los días y que, al final, terminan consumiendo cualquier gaseosa o fantochada disfrazada de bienestar. Puro cuento. Siempre tomar agua es necesario y más cuando se tratar de acompañar la experiencia del vino. Está claro que el agua no hace magia y en, muchos casos, no alcanza con solo tomar unos cuantos litros. Pero siempre es bueno incorporar el hábito.
Tomar agua mientras tomamos vino:
- Reduce la sensación de cansancio
- Mantiene la percepción aromática
- Evita que el alcohol nos gane por desgate
La regla no es moral ni médica: es práctica. Empecemos a incorporar algunas reglas como la de alternar copas: entre vino sumar un vaso de agua, Mantener ese ritmo en lo posible en todo momento para poder llegar al final con la misma lucidez con la que se empezó. Y es de piola, no de gil, evitar salir con el auto si sabemos que vamos a un evento o a una situación en la que queremos tomar alguna copa
Comunicar esto no debería sonar a un consejo de consultorio médico. El agua es para un buen cuidado y se toma para disfrutar mejor. Para que la charla dure. Para que el vino no se apure. Para que el placer no se vuelva un malestar.
Como apasionado y enamorado del vino, siempre uno intenta transmitir que el agua es amiga y no enemiga. Seguramente vas a escucharla como algo tan cotidiana pero que pocos aplican en el día a día.
Tomar vino con agua no es moderación forzada, es entender de qué va la cosa. Y siempre, lo importante es beber con moderación y responsabilidad. El saber beber también forma parte de nuestra cultura. Muy a favor de estas iniciativas como la de https://www.drinkmore-water.com/es
Y para chusmear un poco más, les dejo el siguiente link https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/drinking-water
¡Chin Chin!
