Aromas y sabores
El arte de tomar té (y hacerlo bien)

Sommelier de Té y Vinos. Lic. en Turismo y Hoteleria.
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Mucho más que una infusión: por qué el té volvió a conquistar nuestras tardes.
Soy Sommelier y apasionada por el mundo de las bebidas. Mi camino profesional no comenzó con el vino, sino con el té. Fue la primera bebida que estudié, impulsada tanto por la curiosidad como por los afectos: en mi familia, el té era un ritual cotidiano que compartía con mi abuela y con mi papá.
Con el tiempo, esa curiosidad inicial dio paso a la formación profesional y a una búsqueda constante por comprender los sabores, los aromas y la cultura que rodea a cada bebida. Hoy me dedico a crear experiencias sensoriales a través de catas, degustaciones y cursos, donde el disfrute y el aprendizaje se encuentran.
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El té es una bebida que se obtiene al infusionar hojas, en hebras o en saquitos, de Camellia sinensis en agua caliente (nunca hirviendo). Su historia es milenaria y tiene su origen en Oriente.
Una antigua leyenda china cuenta que el té surgió alrededor del año 2737 a. C., cuando el emperador Shen-Nung descansaba bajo la sombra de un árbol y una de sus hojas cayó, de manera fortuita, en el agua tibia que estaba bebiendo. Al probarla, se sintió tan reconfortado que ordenó plantar semillas de aquel árbol silvestre.
Con su llegada a Inglaterra en el siglo XVII, el té se popularizó a través de las famosas Tardes de Té. Primero entre la realeza y luego en todos los hogares. Este ritual convirtió al té en una bebida social, de encuentro, donde la vajilla, la mesa y los bocados pueden expresar tanto estatus como calidez.
En cuanto a la infusión, históricamente se preparó con hebras, que siguen siendo, aún hoy, la mejor forma de disfrutarlo. Existen excelentes opciones en saquitos, pero en general lo que determina una buena taza de té son la calidad de las hebras y el agua utilizada. Las hebras de mayor calidad provienen de países asiáticos y también de Argentina. Nuestros teales se destacan a nivel internacional y, recientemente, obtuvieron la Indicación Geográfica.
La IG certifica que el té cultivado y elaborado en la provincia de Misiones y en el extremo noreste de Corrientes, la región productora de té más austral del mundo, posee cualidades únicas. Entre ellas se destacan su elevado contenido de polifenoles, que potencia su capacidad antioxidante, y su perfil sensorial menos astringente, más suave y dulce en comparación con otros orígenes. (Fuente: www.misiones.gob.ar enero 2026).
Es importante destacar que las variedades de té no corresponden a distintas especies botánicas, sino a los diferentes niveles de oxidación a los que se somete una misma hoja. Existen, claro, variaciones según el origen geográfico del teal, lo que explica muchas de sus diferencias organolépticas. Así encontramos, por ejemplo, el té verde, prácticamente sin oxidar, y el té negro, cuyas hojas se oxidan completamente y adquieren su característico color. El tema es mucho más amplio y técnico, pero esta distinción resulta clave para comprenderlo.
Para preparar una buena taza de té negro, el más utilizado en meriendas y tardes de té, es fundamental que el agua no supere los 90 °C y que el tiempo de infusión no exceda los cinco minutos. De lo contrario, la bebida se vuelve demasiado oscura y amarga.
En cata, sus notas predominantes deberían ser: en vista, un marrón luminoso; en nariz, frutos secos, maderas y notas herbales. Si se trata de un blend, se percibirán primero los ingredientes que lo componen, como chocolate o canela. En boca, presenta un amargor amable, cuerpo medio y un final intenso.
Bien preparado, el abanico de maridajes es amplísimo: panificados dulces y salados, cremas, chocolates y mucho más. En la Patagonia argentina encontramos algunas de las mejores expresiones de esas tradicionales Tardes de Té.
La versión criolla de esta merienda incluye té negro acompañado de tostadas con dulce de leche, facturas con crema pastelera, alfajores de maicena y bizcochitos de grasa. Un verdadero festín.
En Argentina, el té convive , y compite, con nuestro ritual del mate, pero ambos simbolizan lo mismo: hospitalidad, comunidad, el acto de recibir y escuchar al otro. En definitiva, el valor de compartir.
¡Chin Chin!
