Editorial
Echar a los violentos: del "mogólico" de Romo al "gato merquero" de Carignano

:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/caos.png)
Elevar la vara del debate. Mejorar los parlamentarios para tener mejores leyes. El desafío de LLA para reelegir.
Alguna vez Santiago Caputo discutió internamente con Karina y Javier Milei el rol de su jauría de guapos del teclado, esos que en X mutan de eunucos a toros campeones y la ausencia de estima personal permite envalentonar hasta el más rústico. Eran semanas en que Traductor de Ama, Agustin Romo y otros empezaban a agredir sistemáticamente los candidatos de Karina Milei. La reunión terminó tensa y Caputo dijo que no los controlaba, la violencia siguió escalando hasta hoy. No es Caputo ni sus traductores que suelen decir lo que el asesor no puede. Son todos, de todos los partidos.
La Argentina no está en condiciones de pretender que Jorge Vanosi vuelva a dar discursos y vuelque su mirada en el Congreso por una sencilla razón: la mayoría del cuerpo no le entendería. El deterioro de la clase dirigente es transversal, la vulgaridad es la premisa básica y los representantes del pueblo dan vergüenza en muchos casos. Levantar la vara, que la moral sea una política de estado y la austeridad una regla es el objetivo de Javier Milei, la política debe dar el ejemplo y echar del sistema los violentos. Pensar a Vanosi explicándole a Marcela Pagano un nuevo código penal es una imagen más cercana al sketch de Francella y Prandi que una escena parlamentaria.
:format(webp):quality(40)/https://newstadcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/mogolicos.png)
Militar con pasión es usar un seudónimo en dictadura para seguir militando sin ser asesinado. Es esconderse para ir a un mitin político o discutir en un comité radical o una unidad básica. Eso es ser corajudo, el resto es sencillo. Agustín Romo es una de las muchas rémoras de Santiago Caputo. Un chico lúcido, interesante, a quien conocí mientras convencía militantes de que voten a Miguel Angel Pichetto en 2019. Usa la palabra “mogólico” con el único objetivo de ofender se forma sostenida. Es el presidente del bloque parlamentario de Javier Milei en Buenos Aires. Lo tienen que echar, no puede representar al Gobierno una persona que cree que eso es posible. ¿Sabrá Romo que ASDRA puede pedir que lo expulsen de la cámara?
Pasamos entonces de Vanosi o Carlos Coarch (de los cuadros políticos más sesudos y complejos que tuvo la Argentina moderna) a “gato merquero”, tal como Florencia Carignano definió a Lilia Lemoine. Pasamos de Alasino, De la Rúa, Alfonsín, Alende y Eduardo Menem (tal vez el mejor parlamentario de nuestra historia) a una expresión violenta, ignorante y oportunista capaz de decir cualquier cosa por lograr aprobación. Son los que hoy llevan la voz del Congreso. No importa donde tenga cada uno su corazón ideológico, importa pensar qué enriquece y qué deteriora el debate nacional en la Casa del Pueblo.
Pasamos entonces de discursos como el de Cristina Kirchner en sus años de notable trabajo junto a Elisa Carrio, mujeres como Margarita Stolbizer, Maria Eugenia Estenssoro, Florentina Gómez Miranda y su inagotable lucha por el divorcio, mujeres con ovarios, feministas que generan admiración, no importa el sector que representen. Hoy faltan mujeres y hombres, sobran violentas y burras que agreden a coro junto con brutos que violentan pensando que alguien los va a aplaudir.
Marcela Pagano, que no puede demostrar ni la marca de ropa interior que usa, acusa serialmente de corrupto a Manuel Adorni, un liberal de antaño que cuando las ideas de Javier Milei no representaban el 1% del padrón, junto con Ezequiel Caffarini y un puñado de militantes más, ponían plata de su bolsillo para imprimir boletas y llamar la atención en avenida Figueroa Alcorta evitando que se financie 6,7,8..
Pagano, hija de una austera familia del Palomar, vive como el sultán de Brunei, pero nadie le pregunta cómo hace y acusa a toda la cámara de Diputados. Después cena con el kirchnerismo, recibe un guión, lo chequea con su marido y recupera la voz. Violenta pero por sobre todo vulgar y amenazante, recurre a su cada vez más chillona voz para agredir compañeros de trabajo. Por eso la echaron de todos los lugares donde estuvo hasta que Luis Barrionuevo aceptó su pleitesía para enrolarse en LLA.
Argentina necesita parir una mejor clase dirigente. Marginales que gritan “mogólico” para poder armar una consultora y facturarle al estado no sirven. No sirven las que gritan sin pensar, no colabora con el país que se exige generar en el corto plazo para evitar el desastre final. Si el Gobierno no toma nota de este diagnóstico que calquiera puede ver, verá su fracaso en las urnas.
Nada tiene ver una valiosa revolución liberal, pasional, justa y necesaria, con una horda de insultos y descalificaciones. Es la forma y es el fondo.
