Argentina y la OCDE: cómo construir calidad y bienestar a largo plazo

Director ejecutivo de la Fundación Ciudadanía
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Nuestro país avanza en las negociaciones para ingresar al organismo.
El ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) nos pone como sociedad frente al mayor desafío de modernización institucional y de adopción de estándares de calidad más importante de los últimos tiempos.
Esto abre una posibilidad extraordinaria para revisar nuestras prácticas y dar un salto cualitativo que rompa de una buena vez con la cultura cortoplacista y nos asegure una mejora sustancial de las decisiones y prácticas institucionales, tanto a nivel público, como al nivel privado y de la sociedad civil.
Las oscilaciones en las políticas públicas internas y diplomáticas, el curso errático de la economía, el desarrollo estancado y el incumplimiento de compromisos a nivel internacional que históricamente nos han caracterizado obligan a asumir la necesidad de construir confianza global. La OCDE ofrece un marco de transformación sólido para eso, basado en nuevas prácticas, estandarizadas y probadas en su calidad, transparencia y eficacia, por parte de los países que fueron consecuentes con el desarrollo como objetivo nacional.
La Argentina hoy se encuentra en una fase importante del proceso de acceso a la OCDE. La presentación del Memorándum Inicial, entregado por el canciller Pablo Quirno al secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, en noviembre de 2025 en Buenos Aires, inauguró una nueva fase en el proceso de adhesión. Dicho Memorándum contiene la autoevaluación argentina del nivel de cumplimiento de los 242 estándares que se adoptarán.
La revisión e investigación documental, e in situ, que ya están realizando los funcionarios de los 25 comités que nos evalúan, finalizará con las recomendaciones de reformas que los países miembros de la OCDE, a través de la Secretaría General, realizarán a la Argentina. Esto tendrá como consecuencia toda una serie de reformas legislativas y administrativas, la creación de nuevos marcos regulatorios y de institucionalización, y la eliminación de mecanismos y prácticas que no se condicen con los estándares internacionales.
Cabe destacar que los estándares son producto de investigación fundada en datos, a partir de criterios científicos que permiten establecer parámetros ideales y prácticos para mejorar la calidad de la producción institucional.
Una vez recibidas las recomendaciones, que comenzarán a llegar este año y con más fuerza a partir de 2027, el Estado nacional iniciará el proceso de estudio y ejecución de las transformaciones necesarias para, una vez completado ese proceso, ser aceptados como miembros plenos de la OCDE.
Los posibles beneficios
La adhesión no es automática, e implica la realización de un esfuerzo complementario entre la política y el conjunto de la sociedad para llegar al objetivo final que es el ingreso. Esto de ninguna manera implica pérdida de soberanía e independencia. Es, en cambio, una oportunidad de optimización de la gestión nacional del desarrollo. Es decir, el ingreso a la OCDE no garantiza el desarrollo. Serán la sostenibilidad del proceso y la implementación de mejoras, el diálogo y el consenso nacional, los artífices de la construcción de una nueva cultura de calidad institucional con horizonte de largo plazo.
El ingreso pleno abre oportunidades a partir de la solidez de la adopción y la implementación de los estándares. En un tiempo de reformulación macroeconómica se pueden destacar potenciales beneficios como:
Reducción del riesgo país. El ingreso actúa como una garantía de "calidad institucional", lo que podría permitir acceder a financiamiento internacional con tasas menores a las actuales.
Inversión Extranjera Directa (IED). La adopción y uso de estándares de gobernanza aprobados incrementa la percepción de solidez y confiabilidad de inversores, incrementando la confianza en la posibilidad de generar negocios genuinos.
Apertura de mercados. Habilita la eliminación de barreras técnicas y acercamiento comercial, fortaleciendo las exportaciones en diversos sectores estratégicos como energía, minería y servicios basados en el conocimiento.
Modernización del Estado. El proceso obliga a revisar los mecanismos de elaboración, implementación y control de políticas públicas, y la mejora de la eficiencia del gasto público y la eficacia de la gestión en los tres niveles del Estado.
Políticas públicas basadas en evidencia. Planes de gestión y estadísticas confiables para diseñar soluciones reales a problemas complejos.
Transparencia y compliance. Consolida la confianza en las instituciones, dando estabilidad a un sistema con estándares más exigentes de transparencia, integridad pública y rendición de cuentas. Marcos de compliance más potentes, implican prevención de la corrupción y una conducta empresarial responsable, alineados con las mejores prácticas internacionales.
El ingreso a la OCDE nos invita a reflexionar como sociedad sobre las permanentes condiciones de la “excepcionalidad argentina”. Encarar este proceso a conciencia y no sólo para cumplir la formalidad de entrar, nos permitirá anclar al país en un marco de estabilidad y transparencia a largo plazo y contribuirá a reducir riesgos, mejorar la previsibilidad regulatoria y generar mayor confianza para la inversión y el desarrollo económico. Todo un magnífico cambio cultural.
