Análisis táctico
Argentina repitió la fórmula campeona del mundo

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Lionel Scaloni mantuvo su libreto con dos líneas de cuatro para que Messi juegue libre y acompañado por un delantero.
La fórmula campeona del mundo sigue siendo el guion con el que Argentina afronta este nuevo Mundial. La premisa es clara: una línea de cuatro defensores, tres volantes, Lionel Messi, un delantero y una pieza táctica flexible según el rival y el contexto.
Esa pieza fue un defensor adicional contra Países Bajos, con Lisandro Martínez como tercer central en un 5-3-2, acompañado por Marcos Acuña como carrilero para espejar el esquema de Van Gaal. En semifinales ante Croacia, la variante fue un volante central extra para igualar fuerzas en el mediocampo y enfrentar el 4-4-2. En la final, esa pieza fue Angel Di María: con pelota se adelantaba a la línea ofensiva formando un 4-3-3; sin pelota retrocedía para recomponer el 4-4-2, liberando a Messi de responsabilidades defensivas. Argentina tiene los volantes aptos como para que esa ficha externa esté por izquierda, o mismo que esté a la derecha, corriéndose Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister un lugar hacia la izquierda sin problemas.
La importancia de De Paul radica en su versatilidad: puede ocupar el costado derecho en la línea de cuatro volantes, ser interior cuando hay un tercer atacante adelantado, o incluso desempeñarse como doble cinco si la pieza táctica se ubica a su derecha en el repliegue.
Hoy, con esta premisa, Argentina llegó al Mundial. En la previa Scaloni barajó la posibilidad el poner un tercer central, poner a Exequiel Palacios (Leandro Paredes no está en óptimas condiciones) o colocar un jugador que ocupe el rol del Fideo. Thiago Almada por la izquierda o Giuliano Simeone por la derecha, según lo requiera el partido, son las opciones más barajadas esta última etapa. Sin Nicolás Tagliafico, Facundo Medina ocupó el lateral por la izquierda: con menos proyección, pero con más solidez defensiva ante un rival fuerte por ese sector. Con Nahuel Molina tocado, Gonzalo Montiel inició el partido. La sorpresa fue Lisandro por Nicolás Otamendi, quizás para compensar la menor velocidad de Medina para una cobertura más rápida.
Después el DT optó por el mediocampo mencionado, con Thiago desde la izquierda para asociarse con Messi y Lautaro Martínez arriba. Más allá de que Julián Alvarez no estaba al ciento por ciento desde su condición física, la premisa es que el equipo arranque con Lautaro o Julián, lo que garantiza equilibrio y libera a Messi. Un tercer atacante sin capacidad de retroceso obligaría al “10” a un esfuerzo que le restaría frescura para marcar diferencias y pueda estar en su mejor versión. Porque en el juego de fichas, la jerarquía de Messi sigue haciendo la diferencia. El espejo 442 de ambos equipos preponderaba en un partido luchado, difícil. Un gran pase de De Paul, justamente entre la primera y segunda de las líneas de 4 rival encontró a Messi, que aprovechó y abrió el partido con su jerarquía.
En el segundo tiempo entró Molina por Montiel, puesto por puesto y el partido estaba para la contra, con ya argentina más atrás en el campo y con espacios para aprovechar. Por eso entraron Nico González por Thiago y Julián por Lautaro. Almada había hecho un buen partido hasta ahí, pero hay mérito en Scaloni de haber entendido que el encuentro ya pedía estratégicamente otra cosa, y otro tipo de ficha. Y claramente fue un acierto, Argentina encontró el 2 a 0 en un momento clave y ya con más espacios Messi liquidó el partido con su hat-trick.
Al final, ingresó Otamendi por el Cuti, que estaba tocado, y Messi dejó su lugar a Nico Paz, manteniendo la idea de un zurdo en esa función de flotar y enganchar con el centrodelantero. Fue el cambio de una pieza, pero esa pieza era el capitán: la que cambia todo. El Mundial es duro y un mal partido puede dejarte afuera en la fase de playoffs. Pero Argentina tiene razones para ilusionarse, porque Messi sigue siendo esa pieza distinta. Y al final, pase lo que pase, sólo queda disfrutarlo.
